Los dramas familiares que se esconden detrás de Samsung, el imperio tecnológico que comenzó como una tienda de comidas

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- Autor, Sarah Green y Simon Tulett
- Título del autor, World Service Podcasts
- Tiempo de lectura: 8 min
Cuando se producen cambios de poder en la cúpula de algunas de las empresas más grandes del mundo, la mayoría de la gente no se da cuenta.
Si los productos funcionan bien, los servicios son eficientes y las tiendas están llenas, entonces quién ocupa la junta directiva no suele ser noticia.
Pero en el caso de Samsung, la dinastía familiar que la controla es tan compleja -y la empresa tan crucial para la economía surcoreana- que ocupa las primeras planas de los periódicos.
Así ocurrió en 2017, cuando el heredero de Samsung, Lee Jae-yong, también conocido como JY Lee, fue encarcelado por su participación en un escándalo de corrupción que también provocó la caída de la presidenta del país.
Este hombre de 57 años es nieto del fundador de Samsung.
Geoffrey Cain, autor del libro Samsung Rising, lo describió como "una de las personas más influyentes en la historia de la tecnología".
Pero en 2015, con su padre, presidente de Samsung, hospitalizado tras sufrir un infarto, la sucesión de Lee no estaba asegurada.
Había sido acusado de donar dinero a fundaciones dirigidas por Choi Soon-sil, amiga íntima y confidente de la expresidenta surcoreana Park Geun-hye, a cambio de apoyo político para una fusión que fortalecería su control sobre el conglomerado.

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También fue acusado de fraude bursátil y contable en esa fusión entre una filial de Samsung, Samsung C&T, y otra parte del imperio empresarial, Cheil Industries.
Según los fiscales, lo hizo para poder tomar el control de la mayor parte posible de la entidad recién fusionada y, por extensión, asumir el control de Samsung Electronics: la joya de la corona del imperio y una fuente clave de poder y control.
Lee Jae-yong siempre ha negado los cargos de fraude, pero fue declarado culpable de soborno en 2017.
Cuando estalló el enorme escándalo de corrupción en 2016, provocó semanas de protestas de millones de personas en las calles de Seúl y, finalmente, condujo a la destitución de la presidenta del país.
¿Por qué era tan crucial este acuerdo?
Desde su fundación como tienda de comestibles a finales de la década de 1930, Samsung ha estado en manos de los Lee, una familia que, según Cain, es el equivalente a la realeza en Corea del Sur.
Convirtieron la empresa en una verdadera potencia mundial, abarcando los sectores de seguros, chips de memoria y construcción, además de la tecnología de consumo que todos conocemos.
Pero para permanecer en manos de la familia, el conglomerado tuvo que pasar por una serie de complejas fusiones, adquisiciones y transferencias de poder.
Fueron estas maniobras las que llevaron a Lee Jae-yong a la cárcel.
Había estado al mando de facto desde 2014, cuando su padre, entonces presidente de Samsung, sufrió un infarto.
Su padre había transformado la empresa de un exitoso negocio surcoreano a un conglomerado global.
Como preparación para asumir el cargo, Lee Jae-yong había desempeñado diversos puestos de alta dirección.

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Pero cuando asumió la presidencia interina, se enfrentó a una situación difícil: los complejos procesos para garantizar el control total de la familia sobre Samsung aún no habían concluido del todo.
Para entonces, el imperio empresarial se había vuelto increíblemente complejo: comprendía decenas de empresas, desde Samsung Electronics hasta el sector minorista, pasando por la construcción y la industria química.
Todas estaban interconectadas en una intrincada red de participaciones cruzadas.
El otro problema era que la familia se enfrentaba a una enorme factura del impuesto de sucesiones de más de US$10.000 millones. Si empezaban a vender sus acciones en las empresas para pagarla, la familia Lee corría el riesgo de perder el control.
El riesgo de sucesión
Como hijo único, Lee Jae-yong fue elegido para dirigir Samsung tras la muerte de su padre. Pero a pesar de haber sido preparado durante tres décadas para asumir el cargo, para algunos, no era la opción más convincente para liderar la mayor empresa de Corea del Sur y las esperanzas económicas de la nación.
Según Jaeyeon Lee, reportera del periódico surcoreano Hankyoreh, "era realmente diferente... Mientras que su padre era visto como muy agresivo y muy centrado en sus objetivos, [Lee Jae-yong] era visto como más tímido, callado y cauteloso".
Algunos decían que su hermana era más capaz, y a él lo criticaron por no ser lo suficientemente implacable. También surgieron dudas sobre sus capacidades cuando su proyecto estrella, e-Samsung, fracasó durante el estallido de la burbuja de las puntocom.
La familia ya había quedado marcada por una sucesión que no transcurrió sin problemas una generación antes, cuando el padre de Lee Jae-yong, el hijo menor, fue elegido para dirigir la empresa en vez de sus dos hermanos mayores.
Hay una controversia sobre el destino del hijo mayor, Lee Maeng-hee, tío de Lee Jae-yong, quien debería haber heredado la empresa.
Según una versión, cuando se le dio la oportunidad de dirigirla, no estuvo a la altura. Él afirma que la dirigió durante 7 años.
Pero sea cual sea la verdad, fue el hijo menor, Lee Kun-hee, quien fue nombrado heredero en 1976, y esa decisión tendría repercusiones durante décadas.

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La silla vacía
Tras un comienzo incierto, Lee Kun-hee dirigió un periodo de éxito para el grupo Samsung durante las décadas de los 80 y 90. Pero aún quedaban más desafíos por delante.
En 2008, tanto Lee Jae-yong como su padre dimitieron después de que un antiguo abogado de Samsung, convertido en denunciante, afirmara tener conocimiento de un fondo ilícito utilizado para sobornos y pagos políticos.
Como describe Jaeyeon Lee del periódico Hankyoreh, "[el abogado] dijo que ya no podía soportar más la corrupción. Según él, Samsung estaba tan podrida que hacía su trabajo insoportable".
Esto generó interrogantes sobre el futuro de la empresa y de la economía surcoreana, especialmente porque Lee Jae-yong era el principal candidato para convertirse en el próximo presidente.
De repente, la empresa parecía estar sin liderazgo.
Su padre fue absuelto de las acusaciones de soborno, pero declarado culpable de evasión fiscal y condenado a una pena suspendida y una multa. Técnicamente era un hombre libre, pero aún quedaba un puesto vacante en la cúpula de Samsung.
¿Cómo recuperaría la familia Lee el control?

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La enemistad de 40 años
Lee Kun-hee finalmente recibió un indulto presidencial y regresó como presidente de Samsung. Pero sus problemas no habían terminado.
En 2012, su hermano mayor, tío de Lee Jae-yong, inició una campaña para reclamar la que consideraba su legítima herencia. Esta acción podría haber frustrado los planes para la siguiente generación.
El hijo mayor del fundador de Samsung siempre pensó que algún día dirigiría la empresa, pero fue relegado en la primera sucesión en favor del hermano menor.
La creciente rivalidad se avivó aún más cuando el padre de Lee Jae-yong asumió la presidencia y dividió el imperio en 1976: a la familia de su tío se le asignó una parte del negocio que podría considerarse menos influyente.
Cuarenta años después, Lee Jae-yong y su padre se enfrentaban a una demanda que podría haberles obligado a devolver acciones por valor de cientos de millones de dólares a su tío.
Una demanda exitosa habría forzado el desmantelamiento del imperio y habría puesto en peligro el plan de Lee Jae-yong para tomar el control.
Estabilizar el barco
En definitiva, la disputa entre hermanos y el posterior pleito pusieron de manifiesto las ventajas de tener una línea de sucesión clara.
Los tribunales determinaron que, si bien algunas de las alegaciones del tío tenían fundamento, el plazo para emprender acciones legales había expirado.
Como señala la periodista Jaeyeon Lee: "Los hermanos estaban muy enfadados entre sí, y creo que en parte por eso [Lee Kun-hee] dejó muy clara la línea de sucesión para sus hijos".
Así pues, cuando el padre de Lee Jae-yong quedó postrado en cama tras un infarto, estaba muy claro quién tomaría las riendas. Su hijo: el hombre que más tarde se vería envuelto en un enorme escándalo de corrupción y sobornos que duraría 10 años.

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Absolución
No fue hasta julio de 2025 que Lee Jae-yong fue finalmente absuelto, cuando el Tribunal Superior de Seúl ratificó su absolución por el presunto fraude relacionado con la fusión que, según muchos, le había asegurado la sucesión.
Esto puso fin a una década de cargos penales, audiencias judiciales y estancias en prisión para el presidente de Samsung.
También marcó un distanciamiento de las tradiciones de los chaebols surcoreanos, o empresas familiares.
Durante el proceso judicial, Lee Jae-yong indicó un cambio de rumbo para la dinastía Samsung.
"Quiero hacer una promesa ahora mismo: no habrá más controversias relacionadas con la sucesión. No cederé los derechos de gestión a mis hijos".
Así pues, cabe preguntarse: si el hijo mayor no heredará automáticamente las riendas del imperio, ¿quién lo hará?

Para saber más sobre esta historia, escucha el podcast de 10 partes de BBC World Service titulado "Herencia: Samsung". Disponible en todo el mundo.

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