"Dios fue nuestro Cupido": la historia de amor de dos jóvenes que iban a ser monjas y acabaron casándose

Fuente de la imagen, Archivo Personal
- Autor, Ian Alves
- Título del autor, BBC News Brasil
- Informa desde, Sao Paulo
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 8 min
Francília Costa y Luiza Silvério se conocieron en un convento y, al principio, no se cayeron bien. Luiza recuerda con humor la primera vez que vio a Fran.
"¡Vaya, qué monjita tan presumida, qué monjita tan desagradable!", dice entre risas que pensó, en conversación con BBC News Brasil.
El sentimiento de antipatía fue mutuo.
"¿Sabes cuando no te cae bien alguien? Así, sin motivo alguno", dice Fran. "Y yo pensaba lo mismo de ella. Dios mío, ¿cómo puede una chica ser tan presumida?", comenta.
Ambas entraron en el convento cuando eran veinteañeras por motivos parecidos. Luiza cuenta que sentía un "vacío" durante su adolescencia en Minas Gerais y una llamada a cumplir una misión. Fran creció con unos abuelos muy religiosos en el interior de Piauí, en el noroeste de Brasil, y también sentía que tenía una misión religiosa en la vida.
Con el tiempo, la antipatía desapareció y surgió una amistad entre ellas.
"Entramos en el convento con un propósito, y ese propósito era servir a Dios", recuerda Luiza.

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Salida del convento
Pero, tras algunos años y por motivos personales distintos relacionados con la salud mental, tanto Luiza como Fran acabaron abandonando la vida religiosa.
Luiza perdió a su abuela materna y a partir de ese momento empezó a sufrir episodios intensos de ansiedad, que derivaron en un diagnóstico de depresión. En ese periodo atravesaba una etapa de formación religiosa que exigía una rutina muy intensa de estudio y actividades fuera de la comunidad. Con el tratamiento y un mayor entendimiento de su propia salud mental, comprendió que necesitaba cuidarse y tomó la decisión de dejar la vida religiosa.
Fran siguió un camino parecido. Durante la pandemia de covid empezó a sentir miedos excesivos: a contagiarse, a transmitir la enfermedad o a recibir malas noticias de familiares y amigos. En esa época, los médicos le diagnosticaron síndrome de pánico, un trastorno caracterizado por crisis repentinas e intensas de miedo, acompañadas de síntomas físicos y emocionales.
Como parte del tratamiento, en las sesiones de terapia comenzó a cuestionarse su rutina en el convento.
"La vida religiosa es muy bonita, pero necesitas tener salud física y mental. No basta con saber rezar, no basta con tener vocación. Y en ese momento de mi vida mi salud mental ya se había deteriorado", dice.

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Pero Fran sentía pánico con solo pensar en salir del convento. Fueron las conversaciones con Luiza las que le ayudaron a reunir el valor para dar el paso definitivo.
"Luiza también tuvo que cuidar su salud mental. Y cuando decidió irse, para mí fue un choque. Pensé: '¡Dios mío! Una chica de esa edad tiene la capacidad de pensar en empezar de nuevo, donde sea, y yo no logro ni imaginarme un nuevo comienzo, cuando en realidad he vivido mucho más tiempo fuera de aquí que dentro'", dice.
Una vida nueva
Pronto ambas se encontraron con varios problemas prácticos. Fran tuvo que comprar ropa nueva para poder salir del convento, ya que toda su ropa pertenecía a su etapa de misionera.
"No sabes si vas a poder estudiar una carrera o si vas a conseguir trabajo, porque es difícil. La vida aquí fuera no es fácil", dice Luiza.
Fran coincide:
"Imagínate en una entrevista de trabajo, cuando te preguntan cuál es tu formación. 'Teología'. ¿Dónde voy a trabajar?".
El mayor problema económico era pagar el alquiler. Por eso decidieron compartir un apartamento, todavía como amigas. Fue en esa época cuando la amistad empezó a convertirse en amor.
Fran tomó la iniciativa. Decidió abrirle su corazón a Luiza después de ver una comedia romántica —"Amor en Verona"— en la que los protagonistas empiezan odiándose y luego se enamoran. El sentimiento entre ambas era mutuo, y la amistad se convirtió en un noviazgo que más tarde dio paso al matrimonio.

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Ambas siguen siendo católicas muy practicantes y dicen que el sentido de misión que las llevó a entrar en el convento en el pasado ahora se mantiene en otro ámbito: las redes sociales.
Comparten en ellas su vida cotidiana y los detalles de esta trayectoria poco común, de compañeras de convento a matrimonio.
Con el tiempo, empezaron a recibir cada vez más preguntas de distintos usuarios: tanto de cristianos con dudas sobre su propia sexualidad como de personas LGBT que sienten miedo de acercarse a la fe.
"Eso empezó a reforzar de verdad ese deseo de hablar de nuestra historia de forma abierta, de nuestra sexualidad, de nuestra fe, que tiene todo el sentido y que hoy ayuda a muchas personas", dice Luiza.
Además de crear contenido en Instagram, hoy las dos son microempresarias. Luiza trabaja en el sector inmobiliario y Fran se dedica a la gestión y la estrategia de marketing digital.
"El convento no fue una huida"
Existe una interpretación común de su historia que Luiza se esfuerza por corregir: la idea de que salir del convento fue la única forma de vivir una sexualidad reprimida.
"Es lo que más escuchamos: 'Ah, entraron en el convento para huir de su sexualidad y luego salieron porque buscaban otra cosa'. Pero en realidad no es así", dice Luiza. "En ese momento estábamos centradas en la idea de servir a Dios, de seguir los pasos que Él había marcado", señala.

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Antes de entrar en la vida misionera, ambas se veían como bisexuales, y eso no influyó en su decisión de ingresar en el convento. "Eso no nos hizo tenerle miedo a Dios ni a estar allí dentro".
"Yo no quería relacionarme con nadie. Quería vivir de verdad el celibato, seguir en la religión, en la Iglesia", dice Luiza. "No pensaba en la posibilidad de irme y tener una relación con alguien".
Fran coincide: "No había tiempo para pensar en nada que no fuera eso", dice. "Esa también fue la dificultad de dejar esa vida. Entrar fue muy fácil; salir fue lo más difícil que he enfrentado".
Más tarde, cuando empezaron a vivir juntas y descubrieron el sentimiento amoroso que sentían la una por la otra, surgieron otros dilemas.
No con sus familias: "Nunca tuvimos que enfrentarnos a ese rechazo en casa, como sabemos que les ocurre a muchas personas de la comunidad LGBT". Según ellas, la acogida de sus familias ha sido una de las mayores bendiciones de su historia. Las primeras en saberlo fueron las hermanas de cada una.
Los dilemas eran de carácter religioso. ¿Cómo seguir practicando la fe dentro de un catolicismo que no reconoce la relación que empezaban a construir?
Según Luiza, la respuesta llegó poco a poco. "Es algo de lo que Fran y yo hablamos mucho en casa: no se puede separar al Jesús humano del Jesús divino. Es uno solo. Y nuestra sexualidad y nuestra fe no deben separarse, porque forman parte de nosotras. Somos una pareja que tiene fe; no hay forma de separar eso".

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Un nuevo sentido de "misión"
Fran y Luiza también participan en Diversidade Católica (Diversidad Católica, en español), una red formada por grupos, pastorales y movimientos de católicos no heterosexuales. "Este espacio fortalece aún más nuestro camino de fe como personas y como pareja", dice Luiza.
El día de la boda asistieron amigas de la época del convento que hoy también han dejado la vida religiosa. No hubo presencia de religiosos en la ceremonia, aunque ellas todavía mantienen contacto con frailes y monjas de entonces. "Hemos recibido mucho cariño, mensajes y oraciones dedicadas a nosotras y a nuestro día".
"Quizá no tengamos una foto en el altar de una iglesia, pero tenemos una con Nuestra Señora Aparecida. Para nosotras, representa gratitud, intercesión y la consagración de nuestra familia a Dios", dice Luiza.
No todas las preguntas que Fran y Luiza reciben de sus seguidores en las redes están necesariamente relacionadas con la sexualidad y la religión.
"Mucha gente heterosexual que no forma parte de la comunidad LGBT y que está dentro del convento vive ese martirio porque quiere irse: no siente la vocación y quiere vivir aquí fuera. A veces incluso desea una vida misionera, pero no dentro de un convento o de un seminario. Pero tiene miedo de salir porque no sabe si podrá estudiar una carrera o encontrar trabajo. Porque la vida aquí fuera no es fácil. La vida religiosa es hermosa, pero también es muy cómoda".
Hoy ese trabajo con los usuarios se ha convertido en una nueva misión.
"Nuestra misión es estar aquí para escuchar historias y ayudar a las personas", dice Fran. "Uno de los mayores retos cuando trabajamos a través de las redes sociales es saber escuchar y saber hablar".
En su vida personal, Fran dice que se siente especialmente orgullosa, porque siempre quiso formar una familia, pero nunca había encontrado el modelo de familia que deseaba.
"Por increíble que parezca, si existe Cupido en el mundo, el nuestro fue Dios", dice.
"Porque es algo que yo siempre decía: 'Si algún día tengo que formar una familia, Dios me presentará el modelo de familia que quiere que construya'. Así que… aquí estamos".












