"EE.UU. se beneficia de la estabilidad en América Latina, que se produce mediante el desarrollo y las clases medias. Debería promover eso en lugar de intervenciones"

Una mujer en la tumba de un familiar fallecido durante la intervención de EE.UU. en Panamá en 1989.

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Pie de foto, Una mujer en la tumba de un familiar fallecido durante la intervención de EE.UU. en Panamá en 1989.
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 11 min

El periodista y escritor estadounidense, Stephen Kinzer, imparte un curso en la Universidad de Brown que lleva por título: "Historia de las intervenciones estadounidenses". Dura un semestre porque la larga lista de derrocamientos a países extranjeros llevada a cabo por la primera potencia del mundo se remonta a 1893.

Kinzer fue corresponsal del diario The New York Time durante más de 20 años. En ese tiempo cubrió conflictos y revoluciones en decenas de países: Nicaragua, Guatemala, Alemania, Turquía o Irán, entre otros.

De su experiencia en primera persona han salido libros como "Fruto amargo: La historia jamás contada del golpe estadounidense en Guatemala", que describe el derrocamiento por la CIA del presidente progresista Jacobo Árbenz; o "Sangre de hermanos: Vida y guerra en Nicaragua", parte historia y parte reportaje de guerra.

Según Stephen Kinzer, Estados Unidos ha derrocado o desestabilizado gobiernos extranjeros 14 veces en los 110 años transcurridos entre el golpe de Estado de 1893 en Hawái y la ocupación de Irak. Esos casos forman parte de su libro más aclamado, "Overthrow".

Sus obras repasan cómo las intervenciones de décadas atrás tienen consecuencias directas en crisis actuales: el caos en Oriente Medio, la inestabilidad en América Latina, el antinorteamericanismo en Irán, etc.

En un momento en el que el intervencionismo de Estados Unidos vuelve con fuerza a la escena global Kinzer participa con varias charlas en el festival Centroamérica Cuenta que se celebra en Panamá entre el 18 y 23 de mayo.

El experto avisa que lo sucedido en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro ha puesto en alerta a otros países de la región como Colombia, Cuba y México.

Stephen Kinzer. Lleva camisa azul y chaqueta oscura.

Fuente de la imagen, Foto cedida

Pie de foto, En su libro "Overthrow", Stephen Kinzer repasa las 14 veces que Estados Unidos ha derrocado o desestabilizado gobiernos extranjeros desde 1893.

Todavía existe una sensación de conmoción entre los venezolanos que pensaban que Estados Unidos iba no solo a derrocar a Maduro, sino también a cambiar el gobierno. ¿Era muy ingenuo pensar que las cosas iban a cambiar?

Saltar Podcast y continuar leyendo
Improbable

El nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico

Episodios

Fin de Podcast

Si analizamos la historia de las intervenciones estadounidenses, particularmente en América Latina, no hay muchos casos en los que se derroque una dictadura y se instaure en su lugar una democracia.

De hecho, suele ocurrir lo contrario, ya sea en Guatemala en la década de 1950, en Chile en la de 1970 o en otros países. Lo más común es que Estados Unidos intervenga de forma encubierta para derrocar democracias y dar paso a dictaduras.

Lo que ha cambiado en la operación en Venezuela es que se cayó la máscara. Ya no se disfrazan las intervenciones estadounidenses como un apoyo a la democracia. En el pasado hubo que actuar clandestinamente para fingir. Ahora, en la era Trump, ya no se disimula el verdadero propósito. Estados Unidos persigue ahora abiertamente sus intereses petroleros.

En 1973, nadie en Estados Unidos quería decir que habíamos intervenido en Chile para defender el derecho de las multinacionales a operar libremente en el mundo. Pero ahora no nos importa decirlo. Trump ha dicho muy claramente que quiere petróleo venezolano.

Espero que no haya mucha gente en Venezuela que realmente esperara que Estados Unidos antepusiera la democracia para los venezolanos al petróleo para los estadounidenses. Si alguien lo creyó, creo que ya se ha dado cuenta de su error.

Lo que Estados Unidos quiere hacer en América Latina es mantener los gobiernos en sus puestos, pero ejercer un derecho de veto sobre cualquier decisión del país.

Nicolás Maduro aparece esposado tras aterrizar en un helipuerto de Manhattan, escoltado por agentes federales fuertemente armados mientras se dirigen a un vehículo blindado hacia un tribunal federal en Manhattan el 5 de enero de 2026 en la ciudad de Nueva York.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, La operación estadounidense en Venezuela creo alarma entre muchos líderes regionales que se preguntan "¿Quién será el próximo?".

¿Existe un patrón común en las intervenciones de Estados Unidos en otros países? ¿Cuáles son los elementos comunes?

Sí, existe. No todas las intervenciones siguen el mismo patrón, pero muchas sí. Lo describiría de esta manera: lo primero que sucede es que una empresa estadounidense se siente maltratada por un gobierno latinoamericano y se queja a Washington.

Entonces empieza a crecer la narrativa de que la única razón por la que un gobierno en América Latina intentaría limitar o restringir las acciones de las corporaciones estadounidenses es porque es un enemigo de Estados Unidos. Posiblemente sea incluso un aliado de nuestros enemigos globales.

Entonces, entramos en acción e intervenimos convencidos de que no lo hacemos para salvar los intereses de una única corporación. Estamos interviniendo porque sentimos que ese país está colaborando con nuestros enemigos y está socavando nuestro interés nacional.

Hablas en tus libros de que hay un momento en el que proteger los intereses de empresas estadounidenses se convirtió en sinónimo de defender la libertad.

Estados Unidos siempre ha definido la libertad, en gran medida, como libertad para los negocios y para sus empresas. Los países que respetan eso se consideran países libres, y no los molestamos.

Pero los que intentan limitar la libertad de las corporaciones estadounidenses se convierten en enemigos. Todo depende de la definición de libertad.

¿Y cuál ha sido el cambio ahora?

La afirmación de que Estados Unidos intervenía en nombre de la democracia nunca fue convincente, pero ya ni siquiera se mantiene esa farsa. Así que, en cierto modo, se ha caído la máscara.

EE.UU. sigue haciendo en América Latina cosas muy parecidas a las que hizo los últimos 100 años, pero ahora quizás de una manera más directa y honesta.

Augusto Pinochet

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Augusto Pinochet encabezó un golpe de Estado en 1973 con apoyo de EE.UU.

Lo que me gustaría ver no es un cambio en las explicaciones, ni en los motivos, ni en la retórica, sino un cambio real en la acción, un cambio real en el comportamiento. El hecho es que Estados Unidos se beneficia de la estabilidad en América Latina, y la estabilidad se produce mediante el desarrollo y el surgimiento de clases medias. Deberíamos promover eso.

¿Tienen algo en común los países en los que Estados Unidos ha intervenido a lo largo de la historia?

Si, y creo que podría resumirlo en una palabra: desafío. Todos eran países que no aceptaban el derecho de Estados Unidos a moldear sus políticas exteriores e internas. Cuando los países se rebelan contra su poder, Estados Unidos los coloca en su lista de objetivos.

Y en concreto, ese elemento une a todos los países de América Latina donde hubo una intervención. Se trata de su negativa a aceptar la agenda establecida en Washington.

¿Cuándo comenzó este modelo intervencionista?

Durante el período de la Guerra Fría, Estados Unidos quería en América Latina gobiernos que apoyaran al 100% las posiciones estadounidenses. En las décadas de 1950 y 1960, incluso hasta la década de 1970, Washington consideraba la negativa a participar en la Guerra Fría como un ataque directo. Y los países que no elegían o producían gobiernos dispuestos a someterse a la política exterior estadounidense eran considerados enemigos.

Esto se tradujo en apoyo a muchos gobiernos que reprimían la democracia y la libertad. Y nuestra explicación era: "Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

Ese era el principio rector: no importaba cómo los líderes latinoamericanos trataran a su pueblo. Lo único que importaba era su apoyo a las políticas estadounidenses. Y eso fue lo que convirtió a muchos gobiernos latinoamericanos en objetivos.

Manuel Antonio Noriega delante de una pancarta que dice "Yankees saquen las manos de Panamá"

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, En 1989, el entonces presidente estadounidense, George W H Bush, envió miles de soldados a Panamá para detener derrocar a Manuel Antonio Noriega.

Estados Unidos desea un cambio de régimen en Cuba y sanciona incluso a los países que le venden petróleo. El país está en una crisis humanitaria de gran envergadura ¿consideras que es una intervención aunque no siga exactamente el mismo patrón que en otros casos históricos?

Sin duda, consideraría lo que está sucediendo ahora en Cuba como otra forma de intervención estadounidense. En la práctica, estamos intentando someter a un pueblo por hambre. Sin embargo, Cuba es un caso único. Ese país ha ejercido una fascinación en la imaginación estadounidense que ha distorsionado la política en ambos países durante siglos.

Todos los presidentes estadounidenses desde Thomas Jefferson han soñado o especulado de una u otra forma con tomar Cuba. Estados Unidos envió tropas en 1898 con la promesa de retirarlas inmediatamente después de la derrota española. Luego traicionamos esa promesa porque no queríamos ver una Cuba independiente que pudiera perjudicar los intereses de Estados Unidos.

De hecho, instala la Enmienda Platt, que le da derecho legal a intervenir militarmente cuando quiera. Cuba se convierte en un país independiente en el papel, pero una colonia en la práctica.

Durante el medio siglo siguiente, Estados Unidos apoyó varias dictaduras allí. Esto, a su vez, produjo la revolución liderada por Fidel Castro. La respuesta estadounidense fue no solo intentar asesinar a Castro una y otra vez, sino utilizar todos los medios a su alcance para debilitar la isla.

Cuba ha sufrido durante 60 años un ataque sostenido por parte de Estados Unidos.

Captura de pantalla del programa de televisión 'Rebeldes de la Sierra Maestra', 1957.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, A menudo la opinión pública americana cree genuinamente que Estados Unidos está ayudando a un pueblo oprimido a liberarse.

Y lo único que han logrado los sucesivos gobiernos estadounidenses es cambiar la política de Florida. En la política presidencial, Florida es un estado importante y el voto de los grupos militantemente anticubanos es crucial.

Esto distorsiona las políticas que se toman en Washington y ha empujado a los estadounidenses, entre los que Marco Rubio es el ejemplo más reciente, a adoptar políticas beligerantes que a menudo han terminado causando sufrimiento a los cubanos.

Estamos intentando hacerles la vida lo más miserable posible, y sospecho que el Secretario de Estado Rubio sueña con pasar a la historia como el responsable del colapso final del régimen que llegó al poder en 1959.

Pero hubo un momento de apertura, cuando en 2016, ambos países restauraron las relaciones diplomáticas, se reabrieron las embajadas. Obama visitó la isla. Se reanudó el turismo y en la calle había un ambiente de que todo era posible.

Sí, y luego llegó Trump. Pero no solo culpo a él por cancelar esa apertura, también culpo al expresidente Joe Biden. Esperaba que en su primera semana en el cargo firmara una orden ejecutiva para volver a las políticas de Obama.

En cambio, se aferró a las decisiones impuestas por Trump. Así que ambos tienen la culpa. Y creo que ambos son prisioneros de grupos en Estados Unidos que nunca han renunciado al sueño de derrocar a Fidel Castro, aunque esté muerto.

Entonces, ¿consideras que Trump sigue el patrón o representa una ruptura en la historia?

Pienso que Trump cree firmemente en la visión tradicional de que todo el continente está esencialmente bajo la tutela de Estados Unidos. Nos ha llevado de vuelta a la doctrina Roosevelt, que declaraba que Estados Unidos se sentiría obligado en ocasiones a emplear lo que denominaba un poder policial internacional para reprimir lo que consideraba mala conducta en América Latina.

Estados Unidos desea algo muy diferente para América Latina de lo que América Latina desea para sí misma.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele,

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Nayib Bukele fue capaz de trascender toda legalidad y detener a decenas de miles de personas, provocando que mucha gente aplauda el autoritarismo.

¿Crees que el público estadounidense sigue siendo receptivo a los argumentos intervencionistas?

Creo que en algunos sectores del público estadounidense hay decepción porque Trump, que hizo campaña basándose en dejar en paz a otros países para concentrarse en el desarrollo de Estados Unidos, ahora está haciendo lo contrario. Había cierta esperanza de que Trump fuera menos intervencionista, pero sigue queriendo guiar el futuro de otros países.

Nos encanta la idea de países latinoamericanos independientes, siempre y cuando no sean demasiado independientes.

¿Qué le parece el caso de El Salvador?

En este momento, creo que El Salvador se ha convertido sorprendentemente en uno de los países favoritos de Estados Unidos.

Es otro ejemplo de cómo los gobiernos autocráticos gozan ahora de gran popularidad en Washington. El caso de El Salvador es muy complejo, pero no cabe duda de que el origen del problema tiene que ver con la intervención estadounidense.

Muchos de los problemas de los países, sobre todo en el Caribe, se remontan a intervenciones de Estados Unidos. El Salvador es un claro ejemplo.

Durante la década de 1980, Estados Unidos gastó enormes sumas de dinero para proporcionar al ejército salvadoreño el equipo necesario para reprimir la guerrilla. La violencia que provocó esa guerra llevó a un gran número de salvadoreños a huir del país.

La mayoría terminó en Los Ángeles. Toda una generación de jóvenes salvadoreños creció allí, asimilando la cultura de las pandillas. Y cuando, tras el fin de la guerra, esas familias fueron expulsadas de Estados Unidos, los jóvenes llevaron de vuelta consigo esa cultura.

El Salvador cayó entonces bajo el dominio de las bandas que años más tarde permitieron el ascenso de Bukele. Una figura que fue capaz de trascender toda legalidad y detener a decenas de miles de personas, provocando que mucha gente aplauda el autoritarismo.

Pero la raíz de todo esto fue la intervención estadounidense en la década de 1980. Esto demuestra que, aunque olvidemos estas intervenciones, tienen enormes repercusiones en el futuro.

Migrantes hacen fila con la esperanza de ser procesados ​​por agentes de Aduanas y Protección Fronteriza después de que grupos llegaran a Jacumba Hot Springs, California, tras caminar bajo un calor intenso desde México hacia Estados Unidos

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Las intervenciones de Estados Unidos en otros países generan violencia que provoca oleadas de migraciones.

Dices que las intervenciones logran objetivos a corto plazo, pero incluso debilitan la seguridad estadounidense a largo plazo.

Sí. Estados Unidos ha sufrido enormes flujos migratorios que no habrían ocurrido si no hubiéramos intervenido con tanta violencia en los países de origen.

Si Washington no hubiera ejercido tanta presión y aplicado tales sanciones a Venezuela, no habríamos tenido semejante oleada de venezolanos migrando.

Cuba es un ejemplo aún mejor. El número de personas que han huido de Cuba en los últimos años es de alrededor de un millón. La mayor parte de ellas termina aquí. Si Estados Unidos hubiera permitido que los cubanos pensaran que podían quedarse en su país y prosperar, Estados Unidos estaría más seguro porque no habríamos tenido esta perturbación dentro de nuestra propia sociedad que ha distorsionado nuestro sistema político y ha contribuido a la aparición de Donald Trump.

Estas intervenciones a veces parecen éxitos a corto plazo, pero lo que nos enseñan es que cuando uno interviene violentamente en los asuntos de otro país, es como soltar una rueda desde lo alto de una colina. Puedes hacerlo, pero no tienes control sobre cómo rebota ni dónde termina finalmente.

Linea gris de separación

Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.

Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.

También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro canal de WhatsApp.

Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.