Cómo la lengua hizo posible que los animales salieran del mar y vivieran en la tierra

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- Autor, Caroline Steel y Jo Glanville
- Título del autor, BBC World Service, Serie "CrowdScience"
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 8 min
Azules como la de una jirafa, larguísimas como la de un oso hormiguero o veloces como la de un camaleón, las lenguas son uno de los órganos más versátiles y variados del reino animal.
Y también sorprendentes.
La de los guacamayos, por ejemplo, como las de todos lo loros, "tiene un hueso adentro", le dice a la BBC Jessica Ray, cuidadora en jefe del Zoológico de Londres.
"Se parece un poco a tu dedo índice un poco curvado, pero es como de cuero y muy oscura. Les permite manipular su comida. Cascan la nuez con el pico y luego usan la lengua para pelarla, separar lo que quieren y escupir lo que no".
Esto, dice Ray, "es genial" particularmente si lo que comes son muchas semillas y frutos secos. A lo largo de millones de años, ese tipo de lengua resultó ser un éxito... aunque pueda sonar como salida de una película de terror (sin ánimo de ofender a los guacamayos).
Pero en algún momento profundo de nuestra historia evolutiva, guacamayos y humanos compartimos un ancestro común. ¿Cómo es que estas aves acabaron con básicamente un dedo dentro de la boca y los humanos, con un músculo plano y rosado? ¿Dónde empezaron las lenguas?
"Como evolucionamos a partir de ancestros peces, y esos antepasados se alimentaban en el agua, cuando finalmente pasaron a la vida en tierra, necesitaban encontrar una forma tanto de capturar comida como de manipularla en la boca que no involucrara agua", explica el biólogo evolutivo Kurt Schwenk.
En el agua, las presas flotan, por lo que no hay que preocuparse por la gravedad. La gran mayoría de peces usan succión: expanden rápidamente la boca y la garganta, y absorben agua. Cualquier presa que quede atrapada entra en la boca.
Pero sobre la tierra, el aire no es viscoso, lo que significa que se eliminaba la posibilidad de la comida flotante.
"Con la gravedad, la comida tiene peso, así que hay que levantarla y meterla físicamente en la boca. Mi sensación es que la lengua se elaboró a partir de la musculatura que ya estaba presente en el pez, para sustituir al agua", dice el profesor de ecología y biología evolutiva en la Universidad de Connecticut, EE.UU.
"En lugar de succionar, sacan la lengua, capturan la presa con ella y la atraen hacia la boca. Y una vez dentro, pueden levantarla, moverla hacia adelante y atrás, y empujarla hacia la garganta para tragarla... todas las cosas que el agua hacía ancestralmente".
Pero eso fue solo el comienzo.
Para cortar, para oler...

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Las lenguas existen desde hace cientos de millones de años.
Comenzaron como una forma sencilla de meter comida en la boca y evolucionaron hasta diferenciarse tanto como los gatos y los perros: en los felinos, ásperas como papel de lija; y en los caninos, más suaves y flexibles.
"La razón principal por la que los animales tienen diferentes formas de lengua es que las usan para capturar presas de distintas maneras", subraya Callum Ross, profesor en la Universidad de Chicago, EE.UU., especializado en sistemas de alimentación.
"Los herbívoros, los carnívoros, los nectívoros (animales que sobreviven comiendo néctar), todos tienen lenguas distintas", agrega.
Las vacas, por ejemplo, "tienen papilas modificadas que les permiten agarrar la hierba y recortarla con la lengua".
Todas las lenguas de mamíferos están cubiertas de papilas, pequeñas protuberancias que ayudan a manipular los alimentos y, en algunos casos, a percibir sabores.
Así, después de que nuestros antepasados se arrastraran a tierra, las lenguas evolucionaron y se especializaron.
En varios casos, como el de la lengua pegajosa de una rana, parece el resultado de un plan genial, pero la evolución no tiene un plan, sólo variaciones dentro de una población con algunas dándoles a unos individuos una mejor oportunidad de sobrevivir y transmitir sus genes.
Eso es particularmente importante para un órgano que ayuda a alimentarnos.
Y en algunas especies, la lengua fue más allá.

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Una de las lenguas más conocidas y temidas es la de las cobras reales, las serpientes venenosas más grandes del mundo.
Es larga, oscura, bifurcada.
"Cuando sacan la lengua, buscan señales químicas en el entorno. Y al ser bífida, pueden percibir las cosas de forma diferente en cada lado: están como detectando en estéreo", señala Ben Tapley, curador de anfibios y reptiles del Zoológico de Londres.
"Una vez que la lengua vuelve a su boca, tienen un órgano en el paladar llamado órgano de Jacobson, que interpreta lo que capta".
Gracias a las dos puntas de su lengua bífida, puede comparar señales de ambos lados , 'oler' el aire, y detectar la dirección de un rastro con una precisión extraordinaria.
Parece que los humanos salimos perdiendo en comparación. No tenemos lenguas para olfatear en estéreo ni con huesos para tener una destreza extraordinaria, ni papilas afiladas para desmenuzar los alimentos.
¿Tendrá nuestra lengua algo de especial?
Un globo de agua en la boca
Con una lengua hecha solo de músculo, los mamíferos ganamos movimientos muy hábiles dentro de la boca y eso es clave para manipular la comida mientras masticamos, resalta Ross.
Uno no suele pensarlo, porque es algo que hacemos de forma casi automática, pero utilizamos la lengua para colocar la comida en la posición correcta entre los dientes.
Trata de masticar sin usarla y verás cuán difícil es.
Y piensa también en lo bien coordinada que está, algo que se hace dolorosamente evidente cuando, por accidente, te la muerdes en lugar de la comida.
Esa precisión casi invisible en el día a día es posible gracias a una estructura anatómica sofisticada.
"Las lenguas de los mamíferos tienen mucha musculatura, organizada de forma muy compleja. Las fibras están imbricadas: verticales, transversales y longitudinales, todas dentro de la lengua", explica Ross.
Schwenk usa una analogía para explicarlo: "Imagina un globo alargado lleno de agua. El agua no se puede comprimir. Si aprietas el globo, el volumen no cambia: solo se estira y se hace más largo. Cuando lo haces estrecho, se alarga. Cuando lo ensanchas, se acorta".
Nuestra lengua funciona de manera similar. Si quieres sacarla, tienes que hacerla más estrecha. Si quieres aplanarla, tienes que acortarla.
Órganos que se mueven usando solo músculo, sin huesos ni articulaciones, se llaman hidrostatos musculares. Es lo mismo que ocurre con el brazo de un pulpo o la trompa de un elefante.
"Gracias a esa disposición, puedes cambiar la forma de la lengua de maneras muy complejas. Y eso es algo que los mamíferos tenemos y que la mayoría de los otros vertebrados no", añade Schwenk.
Incluso entre mamíferos hay características notables.

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La lengua de la jirafa, por ejemplo, mide alrededor de medio metro, es de color gris azulado (para protegerse del sol africano) y es altamente prensil.
"Con el cuello ya pueden alcanzar cosas a las que otros animales no llegan, pero además tienen la lengua, que les ayuda a acercar las ramas hacia la boca", explica Nick Garrett, del Zoológico de Londres.
A partir de ahí, la lengua se encarga del resto: se enrolla alrededor de las ramas y las despoja de las hojas con una rapidez asombrosa.
Aunque, bueno, la nuestra no lo hace nada mal con los helados.
Pero faltan mencionar tantas otras de sus destrezas, como que gracias a ellas distinguimos lo dulce de lo amargo, sentimos lo que quema, encontramos una espina entre el pescado y formamos cada sílaba que entonamos.
Por si esto fuera poco, guarda un talento menos vistoso pero vital.
El peligro de tragar
Cada vez que tragamos, la lengua nos salva de un desastre.
"La lengua empuja la comida hacia atrás, a través de la orofaringe, hacia el esófago", explica Ross.
El problema es que la orofaringe es una encrucijada: allí se cruzan las vías respiratoria y digestiva.
Respiramos por la nariz y el aire baja hacia la tráquea. Pero la comida tiene que ir hacia el esófago, que está detrás.
"No es el mejor diseño de la evolución", admite Ross.
Para que todo funcione, la lengua se estrecha lateralmente y, al hacerlo, parte de ella se desplaza hacia atrás, empujando la comida. Pero este mecanismo solo funciona si la boca está cerrada.
Intenta tragar con la boca abierta. Difícil, ¿verdad?
"La lengua es fundamental para empujar rápidamente la comida y evitar que entre en los pulmones".
Esa coordinación es tan precisa que apenas la notamos... hasta que algo falla.
A todos nos ha pasado: un bocado que se va por el camino equivocado y nos deja tosiendo. En personas sanas, es un susto pasajero.
Pero para quienes han perdido ese control por un derrame, Parkinson, cáncer u otras condiciones, cada bocado puede terminar en asfixia o neumonía.
"Entender mejor la mecánica de la lengua nos ayudará a tratar a personas con disfagia (dificultad para tragar)", señala Ross.
Desde tragar hasta masticar, de cazar presas a "oler" el aire, las lenguas son una de las herramientas más versátiles de la evolución, y son fundamentales para la supervivencia.
Y toda esa diversidad surgió de una misma estructura primitiva, presente en un remoto ancestro acuático que un día abandonó el agua y se encontró con un desafío inédito: cómo alimentarse en tierra firme.
* Este articulo es una adaptación del episodio "What's the deal with tongues?" de la serie de la BBC CrowdScience, disponible donde escuches tus podcasts.
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