Puma vs Adidas: cómo la pelea entre dos hermanos partió en dos una ciudad alemana durante décadas

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En el verano de 2009 en Alemania se jugó un partido de fútbol que habría sido inconcebible durante las seis décadas anteriores.

Era el Día Mundial de la Paz, y paz era lo que no había reinado en Herzogenaurach, una pequeña ciudad medieval en el sur del país con calles empedradas, edificios históricos y una escultura moderna que dejaba ver cuál había sido, durante tanto tiempo, la piedra en el zapato.

Mostraba unos niños jugando tira y afloja, pero para entender qué representaba, tenías que mirar hacia abajo, algo que los lugareños habían estado haciendo desde 1948: un equipo calzaba zapatillas deportivas de Adidas y el otro, de Puma.

Las dos marcas también estaban muy presentes en los atuendos de los jugadores de ese Partido por la Paz, sólo que esta vez juntas y mezcladas pues la idea era sanar las heridas de una amarga disputa familiar que, aunque impulsó la fortuna de esos gigantes deportivos, también dividió la ciudad.

¡Y de qué manera!

"Tenemos un amigo que solía repartir flores para la floristería local, y siempre llevaba dos pares de zapatos en su auto: un par de Puma y otro de Adidas, porque no podía llevar flores a gente de Adidas con zapatos Puma ni viceversa", le contó a la BBC Michael Dassler, nieto del fundador de Puma.

"Era muy gracioso porque había dos carniceros: uno era el de Puma y otro era el de Adidas, y los empleados de Adidas iban allí y al otro, los de Puma. Y así con las panaderías, los supermercados, lo que fuera", recordó Sigi Dassler, hija del fundador de Adidas.

Restaurantes, bares, talleres de tallado de lápidas... todo era de un bando o del otro, incluídas las relaciones románticas.

Fue por eso que Herzogenaurach se ganó el apodo de "la ciudad de cuellos doblados", pues lo primero que la gente hacía siempre era mirar hacia abajo para ver qué tipo de zapatos llevabas puestos.

Para Michael, no se limitaba a eso; nadie en su casa se atrevía a pronunciar la palabra prohibida.

"Ni siquiera mencionamos el nombre Adidas. Solíamos decir NG del alemán, nie gehört, o 'nunca lo he oído mencionar'", contó en la serie Sneakernomics de la BBC.

¿Cómo se llegó a tal situación?

Zapateros para deportistas

Todo empezó en la República de Weimar en la década de 1920, de la mejor manera.

Al regresar de la Primera Guerra Mundial, Rudolf y Adolf Dassler fundaron la empresa Gebrüder Dassler Schuhfabrik (Fábrica de calzado de los hermanos Dassler), cuya sede era el cuarto de lavandería de su madre.

Herzogenaurach tiene una larga tradición manufacturera, que se remonta a la Edad Media, cuando se producían textiles y, más tarde, zapatos y pantuflas, y su padre era uno de los varios zapateros del lugar.

Lo que los distinguió fue que empezaron a hacer calzado para deportistas.

"A mi papá le fascinaba el deporte", comentó Sigi sobre Adolf. "Practicaba todo tipo de deportes, incluyendo boxeo, salto de esquí, hockey sobre hielo... de todo. Veía las necesidades y oportunidades de zapatillas especializadas que ayudarían a los atletas a optimizar su rendimiento y su disciplina".

"Mi abuelo siempre era más un hombre de negocios, pensando cómo podemos sacar dinero de eso", señaló Michael, refiriéndose a Rudolf.

Tanto ellos como personas que trabajaron con los hermanos Dassler concuerdan en que hacían un buen equipo: el silencioso Adolf se sentía más cómodo en el taller, mientras que el más extrovertido Rudolf se aseguraba de que los zapatos que hacía su hermano encontraran a sus dueños.

En esa época ya había un mercado incipiente de zapatillas deportivas, pero para realmente triunfar no había nada mejor que los Juegos Olímpicos, como lo había demostrado la empresa británica J.W. Foster and Sons, precursora de las zapatillas de clavos para atletismo modernas.

En el certamen olímpico de París de 1924, como recreó la película ganadora del Oscar Chariots of Fire ("Carrozas de Fuego"), los corredores británicos Harold Abrahams y Eric Liddell triunfaron calzando zapatillas Foster.

Para los hermanos Dassler, la oportunidad llegaría en 1936.

La gran oportunidad

Pocos meses después de que Adolf Hitler llegara al poder en 1933, los hermanos Dassler se unieron al Partido Nazi.

La maquinaria propagandística nazi impulsó fuertemente el deporte y el fitness como una forma de mostrar patriotismo y demostrar la superioridad aria, y el mercado de todo tipo de equipamiento deportivo explotó.

La fábrica de zapatos de los hermanos amplió sus operaciones, y Adolf incluso se apuntó para entrenar un equipo de fútbol de las Juventudes Hitlerianas.

Con el negocio en plena expansión, los Dassler fijaron su atención en una oportunidad incomparable: los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.

Gracias a su estrecha relación con el seleccionador alemán de atletismo, muchos deportistas del país competirían con sus zapatillas de clavos.

Pero Adolf aspiraba a algo más. Su sueño era que el atleta más admirado y comentado de aquellos Juegos calzara sus zapatos: el velocista estadounidense Jesse Owens.

Un año antes, Owens había dejado atónito al mundo del atletismo. En una sola tarde, y en menos de una hora, igualó un récord mundial y pulverizó otros tres; la proeza pasaría a la historia como "los mejores 45 minutos del deporte".

Aunque una multitud enardecida lo recibió en Berlín, algunos periódicos publicaron su foto junto a la de un simio o atribuyeron su velocidad a supuestas "cualidades animales". Al fin y al cabo, era la Alemania nazi.

Precisamente por eso, la victoria de Owens fue aún más significativa: la gran estrella de esos Juegos, celebrados en el país que proclamaba la superioridad de la raza aria, fue un atleta negro.

Owens ganó cuatro medallas de oro... calzando zapatillas Dassler.

Los hermanos estaban replicando el modelo de marketing de los zapateros británicos Foster: si los mejores deportistas usaban sus productos, las marcas también ganaban.

Tras los Juegos, la demanda de calzado especializado no disminuyó. La empresa abrió otra fábrica y pronto producía mil pares al día.

Pero luego estalló la guerra, y llegó el momento en el que todos los recursos alemanes, incluida la fábrica de los Dassler, tuvieron que volcarse en el esfuerzo bélico.

La empresa fabricó armamento y, según investigaciones históricas posteriores, empleó trabajadores forzados, como era común en la industria alemana de la época.

Orillas opuestas

Nadie puede precisar el punto exacto de ruptura entre los hermanos, pero la Segunda Guerra Mundial y las acusaciones mutuas, sin duda, perjudicaron su relación. Con todos viviendo en la misma casa, la fricción familiar se volvió tóxica.

Muchos citan un episodio de 1943, cuando Herzogenaurach estaba bajo bombardeo aliado. Al parecer, cuando Rudolf y su esposa entraron en un búnker antiaéreo, oyeron a Adolf exclamar: "¡Estos Schweinhunde (perros cerdos) están aquí otra vez!". Adolf insistió en que se refería a los bombarderos británicos, pero Rudolf nunca le creyó.

Más tarde, Rudolf se resintió al tener que ir a la guerra mientras Adolf se quedaba en casa, y especuló que su hermano aprovechaba para arrebatarle la empresa. También sospechó que Adolf le había dicho algo a las autoridades estadounidenses cuando, al terminar la guerra, lo arrestaron como posible criminal de guerra nazi.

A Adolf también lo investigaron, y las declaraciones de su hermano no lo ayudaron.

Al final, a ambos los clasificaron como Mitläufer: seguidores cuya participación en el régimen, aunque sin acusación de crímenes específicos, se consideraba demasiado significativa para ser ignorada.

Aclarada esa situación, llegó la hora de aclarar otra.

En 1948 disolvieron su empresa, la Gebrüder Dassler Schuhfabrik, ya con 25 años de trayectoria, y fundaron fábricas rivales a orillas opuestas del río Aurach, que atraviesa el centro de Herzogenaurach.

Rudolf llamó a su fábrica Ruda, usando las primeras sílabas de su nombre y apellido, pero meses después se le ocurrió un mejor nombre: Puma.

Adolf, quien continuó en la fábrica original, hizo lo mismo: tomó su apodo -Adi- y la primera sílaba de su apellido, y la nombró Adidas.

Como las zapatillas que producía con su hermano solían tener dos franjas de cuero reforzadoras, le añadió una más para diferenciarla, y así nació su sello distintivo.

Así quedaron establecidos a ambos lados de una simbólica frontera fluvial los dos bastiones de la inusual guerra empresarial.

"Los empleados tuvieron que decidir para quién querían trabajar. La mayoría, especialmente los que trabajaban en la producción, se fueron con mi padre. Sabían que él era el inventor y el técnico", le relató Sigi a BBC Witness History.

"Los otros empleados que trabajaban en administración de ventas se quedaron con Rudolf. Y la rivalidad, por eso también, se hizo más fuerte".

Toda la pequeña ciudad de Baviera se vio obligada a tomar partido.

En la cancha de fútbol

Para entonces, Rudolf ya tenía 50 años y Adolf, dos menos, y ambos habían pasado la última década alejados de la manufactura de zapatillas.

Además, mientras uno contaba con una fuerza laboral pero no con quien vendiera, el otro disponía de vendedores pero no de trabajadores para fabricar.

Por si fuera poco, la Alemania de posguerra era un país aislado, excluido de las grandes competiciones deportivas, y sus fabricantes debían enfrentarse a una fuerte competencia extranjera.

Y, sin embargo, tanto Adidas como Puma prosperaron hasta convertirse en multinacionales de alcance global.

Adolf fue el primero en llevar Adidas a la escena internacional. En la final de la Copa Mundial de la FIFA de 1954, en Suiza, Alemania Occidental se enfrentó a Hungría, el mejor equipo del mundo y el mismo que la había derrotado por 8-3 en la fase de grupos.

Contra todo pronóstico, Alemania se impuso en un partido disputado bajo lluvia torrencial. Los alemanes contaban con una innovación de Adolf Dassler: tacos atornillables más largos de lo habitual, que mejoraban el agarre sobre el césped empapado.

Aquel encuentro, con el que Alemania conquistó su primer Mundial, pasó a conocerse como el Milagro de Berna.

"De repente, Alemania ya no era solo la mala de la película, sino un país que había logrado algo bueno después de la guerra. Fue fantástico", recordaría más tarde Sigi.

Los hijos de los fundadores continuaron con la tradición tanto de expandir sus respectivas empresas como de mantener la rivalidad.

Fichar a atletas de élite y crear zapatillas exclusivas era una buena forma de ganar influencia, pero la puja por una superestrella podía llevar a la quiebra a ambas marcas. Por eso, Adidas y Puma firmaron el llamado "Pacto Pelé", por el que acordaron informalmente no fichar al astro brasileño.

Sin embargo, cuando Pelé, con un gesto travieso, se arrodilló para atarse los cordones de sus zapatillas Puma ante las cámaras durante el Mundial de 1970, Adidas se dio cuenta de que había caído en una trampa.

Según observadores, el éxito de las dos marcas se debió, al menos en parte, a la naturaleza de su rivalidad.

Durante décadas, cada empresa intentó superar a la otra, una competencia feroz que alimentó la innovación, fortaleció el compromiso de sus empleados y le dio a ambas organizaciones una cultura extraordinariamente combativa.

Aunque en términos comerciales, Adolf ganó, pues Adidas es, con diferencia, la más grande, el resultado final de aquella disputa familiar sigue siendo asombroso.

Las dos empresas nacidas de la ruptura de los hermanos Dassler emplean hoy a casi 78.000 personas y facturan conjuntamente alrededor de US$35.000 millones al año.

Ya ninguna está controlada por descendientes de sus fundadores -control que ambas familias fueron cediendo gradualmente a lo largo de las décadas de 1980 y 1990-, pero ambas mantienen sus sedes en Herzogenaurach.

Y en el cementerio, Adolf y Rudolf Dassler descansan en paz... cada uno en el extremo opuesto del otro.

* Principales fuentes: Serie de la BBC "Sneakernomics", escrita y presentada por Nicholas Smith, autor de "Kicks: The Great American Story of Sneakers". Y el episodio "Dassler brothers' rift" de la serie BBC Witness History.

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