Cómo los recientes ataques de Irán contra Israel indican que Teherán se siente cada vez más fuerte

    • Autor, Amir Azimi
    • Título del autor, Editor de BBC Persian
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 5 min

Cuando Irán lanzó misiles y drones contra Israel el domingo y el lunes en respuesta a los ataques israelíes contra Hezbolá en Líbano, el impacto militar inmediato pareció limitado. Sin embargo, su importancia política podría ser mucho mayor.

Durante años, Irán ha justificado los ataques directos contra Israel como represalia por acciones contra territorio, comandantes o intereses iraníes. Esta vez fue diferente. Teherán actuó tras un ataque contra uno de sus aliados, después de un bombardeo israelí contra un edificio supuestamente vinculado a Hezbolá en el sur de Beirut.

El lunes, el ejército iraní declaró que detendría los ataques contra Israel, pero la decisión misma de atacar plantea una cuestión importante: ¿por qué los dirigentes iraníes consideraron que era el momento adecuado para dar ese paso, aun sabiendo que corrían el riesgo de provocar una nueva acción militar israelí y de poner en peligro las frágiles negociaciones de paz con Estados Unidos?

Parte de la respuesta podría encontrarse en cómo los líderes iraníes evalúan su posición tras meses de conflicto.

La República Islámica salió de la guerra debilitada en algunos aspectos, pero también con una sensación más fuerte de su propia resiliencia.

A pesar de la intensa presión militar de Israel y Estados Unidos, de las sanciones económicas y del bloqueo naval estadounidense, la República se mantuvo en pie. El gobierno sigue en el poder, su aparato de seguridad permanece intacto y no se materializó ningún levantamiento masivo, pese a las reiteradas predicciones de sus opositores.

Esa experiencia puede haber modificado los cálculos de Teherán.

En lugar de verse como un actor vulnerable que busca evitar la confrontación a toda costa, Irán puede verse ahora cada vez más como una potencia que ha resistido lo peor y que puede permitirse imponer nuevas líneas rojas.

¿Estrategia de disuasión?

El ataque contra Israel podría haber tenido, por tanto, menos un objetivo de represalia que de disuasión. Teherán podría estar señalando que los ataques contra sus aliados regionales dejarán de considerarse separados de los ataques contra el propio Irán.

Ese mensaje tendría especial relevancia para Hezbolá, las milicias iraquíes y otros integrantes de la red regional de Irán, conocida como el Eje de la Resistencia. La credibilidad de la influencia iraní siempre ha dependido en parte de la convicción de que respaldará a sus aliados. No responder tras haber advertido públicamente a Israel podría haber dañado esa credibilidad.

Desde esta perspectiva, el ataque no se dirigía únicamente contra Israel. También apuntaba a los aliados de Estados Unidos e Israel en toda la región, que observaban atentamente para ver si Teherán cumplía sus amenazas.

El momento elegido resulta igualmente llamativo.

El presidente estadounidense, Donald Trump, había sugerido recientemente que un acuerdo podría estar cerca. La lógica convencional indicaría que Irán debería evitar acciones que pusieran en riesgo la vía diplomática.

Sin embargo, Teherán podría pensar lo contrario.

Los dirigentes iraníes pueden haber llegado a la conclusión de que demostrar fuerza mediante una acción militar limitada o calculada podría reforzar su posición en la mesa de negociación, en lugar de debilitarla.

Desde la perspectiva de Teherán, mostrar disposición a recurrir a la fuerza podría servir para recordar tanto a Washington como a Israel de que Irán aún dispone de opciones.

Esto no significa necesariamente que Irán quiera que fracasen las negociaciones. Teherán parece haber actuado para establecer un precedente y enviar un mensaje político, pero sin llegar a un nivel que hiciera inevitable una escalada.

Está por verse si ese cálculo resulta acertado.

Preocupación de los iraníes

Las reacciones de los iraníes comunes ante el último intercambio reflejan el debate más amplio.

Algunos consideran que las acciones de Irán constituyen una respuesta justificada.

"Que Irán se una al conflicto para defender Líbano es leal y correcto. Desde el acuerdo nuclear, Irán no ha incumplido el derecho internacional, y este ataque responde a que la otra parte violó las reglas del alto el fuego", dijo un lector del servicio persa de la BBC.

Otros cuestionan las prioridades de Teherán: "Durante casi dos meses ha habido combates en el sur de Irán, pero sin una respuesta seria. Parece que el sur de Líbano resulta más importante que el sur de Irán".

Para muchos, sin embargo, el sentimiento predominante es la preocupación por el rumbo que puede tomar la confrontación. "Sinceramente, se me encogió el corazón cuando la guerra volvió a empezar", le dijo un ciudadano iraní al servicio persa de la BBC.

Otros creen que el intercambio no llegará a convertirse en un conflicto a gran escala. "Este enfrentamiento no es muy serio y no derivará en una guerra total como las dos anteriores. Irán sabe que Estados Unidos ya no quiere una guerra directa, así que toma la iniciativa. En parte es una puesta en escena y propaganda, para que sus partidarios sientan que están ganando".

Otra posibilidad es que el ataque refleje un creciente descontento con el rumbo de las negociaciones. Si Irán considera que se le exige hacer concesiones sin recibir beneficios significativos a cambio, esta acción podría servir para aumentar su margen de maniobra antes de la siguiente fase de las conversaciones.

En cualquier caso, el ataque sugiere un liderazgo que se siente más seguro de lo que muchos observadores externos esperaban hace apenas unos meses.

La cuestión clave no es si Irán estaba dispuesto a soportar otro ciclo de bombardeos israelíes, sino si ahora cree que puede hacerlo al mismo tiempo que impulsa la vía diplomática. Si ese es el caso, Irán podría intentar establecer una nueva realidad regional: una en la que negocie desde una posición de fuerza mientras impone activamente sus propias líneas rojas.

Aunque este enfoque implica riesgos, representaría un cambio significativo en la forma en que la República Islámica entiende tanto su seguridad como su papel en Medio Oriente.

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