"Nunca vi a Dominicana con tanto dolor": la lucha de las familias por que se haga justicia un año después de la tragedia del Jet Set Club que dejó 236 muertos

Acompañada de familiares, Marilin (segunda por la izquierda) en la audiencia
Pie de foto, Acompañada de familiares, Marilin (segunda por la izquierda) exige un castigo para quienes considera responsables de la muerte de su hija Lorraine.
    • Autor, Atahualpa Amerise
    • Título del autor, Enviado especial de BBC News Mundo a Santo Domingo
  • Tiempo de lectura: 21 min

"Sí, está bien, mami".

Ese fue el último mensaje que Marilin Vargas recibió de su hija menor, Lorraine.

Esta madre de 63 años nos enseña su última conversación en WhatsApp frente a la sala de audiencias del Palacio de Justicia de Santo Domingo, que acoge una de las vistas preliminares de un caso que mantiene en vilo a todo un país.

Hace poco más de un año, en la noche del 7 al 8 de abril de 2025, Lorraine celebraba su 38 cumpleaños con tres amigos en Jet Set, la discoteca que durante tres décadas fue símbolo de la vida nocturna de la capital de República Dominicana.

Sobre el escenario, "la voz más alta del merengue", Rubby Pérez, entonaba una de sus canciones insignia cuando el techo se vino abajo.

Cientos de toneladas de hierro y hormigón cayeron sobre los presentes, con un balance devastador: 236 muertos.

Marilin Vargas muestra una foto de su hija Lorraine

Fuente de la imagen, Marilin Vargas

Pie de foto, Marilin Vargas perdió a su hija Lorraine en el colapso del Jet Set.

El derrumbe segó vidas sin distinción, desde profesionales como Lorraine —era médica internista— hasta conocidas figuras como el propio Rubby Pérez, las exestrellas de béisbol Octavio Dotel y Tony Blanco, y miembros de algunas de las familias más influyentes de República Dominicana.

Más de 180 personas resultaron heridas, algunas con secuelas permanentes, y al menos 174 menores quedaron huérfanos como consecuencia de la tragedia.

Un año después, el país trata de entender cómo pudo ocurrir y se pregunta si habrá justicia.

Frente a los tribunales donde se dirime la responsabilidad penal de los propietarios del Jet Set, el duelo convive con la espera entre los familiares de víctimas que exigen al juez una respuesta acorde a la magnitud de la catástrofe.

En la audiencia, celebrada el 27 de abril, también está Ana María Ramírez, odontóloga de 40 años que sobrevivió al derrumbe.

Ana María en la audiencia.
Pie de foto, Ana María pasó horas sepultada bajo los escombros, perdió a una amiga y ahora reclama justicia.

Recuerda entre lágrimas las horas que pasó bajo los escombros asida a la mano de una amiga, a su otra amiga que murió allí y las secuelas físicas que arrastra desde entonces.

Esta es la crónica de una noche de celebración que devino en la mayor tragedia humana de este siglo en República Dominicana.

El icónico Jet Set

Con artistas de primer nivel sobre el escenario, los "lunes de merengue" en el Jet Set eran todo un clásico de la vida nocturna de Santo Domingo.

El edificio, que originalmente fue un cine en los años 70, fue reconvertido en discoteca en los 90.

El Jet Set no entendía de edades o estratos sociales: casi todos los dominicanos a los que pregunto por este lugar, ya sean vendedores, taxistas, abogados o empresarios, aseguran haber tomado, bailado y compartido allí alguna vez.

Discoteca Jet Set.
Pie de foto, Ubicado en pleno corazón de Santo Domingo, el Jet Set Club era la sala de referencia para los amantes del merengue y la bachata.

La sala era propiedad de los hermanos Antonio y Maribel Espaillat.

Él es un conocido empresario, dueño de un importante grupo de medios de comunicación que controla gran parte de las emisoras de radio de República Dominicana, y de otras empresas de publicidad exterior y locales de ocio.

Maribel era la directora operativa del Jet Set.

"Los hermanos Espaillat son dos personajes conocidos de nuestro país. La familia siempre ha tenido dinero", me explica la periodista de investigación Camila García Durán.

García Durán lleva más de un año reconstruyendo lo ocurrido aquella noche a partir de testimonios, documentos y pruebas que, en algunos casos, no les fueron proporcionadas a las propias víctimas ni a sus representantes legales.

La periodista Camila García Durán.
Pie de foto, La periodista Camila García Durán está siendo clave en el caso al sacar a la luz importantes pruebas y detalles.

En la misma mañana del 7 de abril de 2025, según revelan testimonios y materiales de la investigación, se produjeron incidencias relacionadas con el techo del local.

Aun así, abrió sus puertas y comenzó la fiesta.

Lorraine, según el relato de su madre, decidió prolongar en el Jet Set los festejos de su cumpleaños que había iniciado horas antes en un restaurante cercano.

Ana María llegó a la discoteca sobre las 22:15 con sus dos amigas: "Era bastante temprano y estaba prácticamente vacío", recuerda.

El lugar comenzaba a llenarse y la noche, aparentemente, seguía su curso.

Algo va mal

Al inicio de la fiesta se produjo un alarmante primer incidente: según varios testigos, fragmentos de concreto y yeso cayeron sobre el hombro de un cliente asiduo, que fue atendido por el personal del recinto.

Ana María presenció la escena: "Se cae un primer pedazo de techo, que yo lo vi como un cuadrito de plafón (falso techo) y no reparé en que era algo de importancia", explica.

Minutos después comenzó el concierto y la gente empezó a levantarse de sus mesas para bailar merengue.

Los testimonios y las pruebas recopiladas revelan que los problemas que presentaba el techo el día de la tragedia no eran un hecho aislado.

Las filtraciones de agua y los desprendimientos eran recurrentes desde hacía años, y para solucionarlos se aplicaron reparaciones puntuales que, visto lo sucedido, no abordaron el problema estructural del recinto.

Entrada del Jet Set donde se ve fotografías y mensajes en honor a las víctimas.
Pie de foto, Un mural con los homenajes a los 236 fallecidos se despliega frente a la entrada del Jet Set un año después de la tragedia.
Saltar Podcast y continuar leyendo
Improbable

El nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico

Episodios

Fin de Podcast

Es lo que nos explica Gregory Adames, quien trabajó en Jet Set durante 8 años hasta llegar a ser el hombre de confianza de los Espaillat en la discoteca.

Tras sobrevivir al derrumbe, Adames se ha convertido en el testigo clave del caso.

"Desde que yo entré allá siempre había el problema de filtración del techo, siempre había un goteo, y desde la pandemia cada vez que llovía era un colador", asegura.

Para solucionarlo, explica, se empezaron a poner lonas plásticas sobre los plafones para acumular el agua y drenarla "antes de cada actividad".

Según Adames, en los días previos al derrumbe "empezaron a darse una serie de acontecimientos: a los plafones de yeso les caían constantemente pedazos del concreto del techo, que los rompían hacia abajo".

"Una semana antes pasó un incidente con unos clientes, que estaban sentados y les cayó un pedazo de plafón al lado", recuerda.

Adames asegura haber advertido de la gravedad de los problemas del techo a los Espaillat en numerosas ocasiones a lo largo de los años, como atestiguan los mensajes que guarda en su celular.

"La respuesta siempre era un 'se va a resolver' o 'va Manuel, el de mantenimiento', pero nunca se hacía nada, nunca se resolvía nada", lamenta.

La periodista Camila García Durán destapó importantes materiales recopilados por el Ministerio Público en la investigación, entre ellos reveladores mensajes entre los hermanos Espaillat horas antes del derrumbe.

Maribel, relata la periodista, "informa a su hermano por WhatsApp que un plafón le cayó a un señor. La respuesta de Antonio Espaillat, que se encontraba fuera del país, fue 'voy a cambiar la mayoría', refiriéndose a los plafones".

"Sí, pero es el techo que está desbaratado", responde la directora operativa.

Estos mensajes de Maribel Espaillat a su hermano pueden ser clave en el proceso judicial.

Fuente de la imagen, Camila García

Ese intercambio es una de las principales pruebas con las que cuentan los abogados de las víctimas para intentar demostrar la culpabilidad de los dueños del Jet Set.

Gregory Adames, quien arrastra un profundo trauma desde el día de la tragedia, rompe en llanto en varias ocasiones cuando recuerda los prolegómenos de la catástrofe.

Asegura que, horas antes del concierto de Rubby Pérez, le pidió a Maribel cancelarlo.

"La doña me dijo: 'esto no se puede suspender, porque esta fiesta es buena y la que viene es una fecha buena también'".

Ya con el merenguero sobre el escenario, las señales de peligro continuaban.

Ana María recapitula los instantes previos a la catástrofe:

"Luego cae un segundo pedazo, más grande, cae una lona azul y empieza a caer agua y arenilla. Cuando yo veo eso digo, esto no es normal, y entonces le digo a mi amiga que me voy inmediatamente. Me paro de la silla, tomo mi cartera, me la pongo, agarro mi celular de encima de la mesa y le digo: 'Yo me voy'".

No le dio tiempo. En cuestión de segundos, el techo se vino abajo.

El colapso

Título del video, El momento en el que cae el techo del Jet Set, grabado por las cámaras de seguridad.

Ana María vio caer parte del techo al otro lado de la sala e, instantes después, la parte que estaba sobre ella: "Sentí que algo me empujó hacia adelante, rompí la mesa con mi cara y caí al piso boca abajo".

"Y ahí empecé a sentir que algo me estaba aplastando. Un pedazo de techo me cayó de la cintura hacia abajo y quedé totalmente aplastada. Esta mano (derecha) también me quedó aplastada con algo, como una varilla. La otra me quedó libre, pero me di cuenta de que de ahí no me podía mover", recuerda.

Segundos después de que la música parara en seco, los gritos y llantos se apoderaron de un espacio sumido en el caos.

"Cuando cae el techo, se escuchaba el ruido de todas las personas gritando, llorando, pidiendo ayuda, llamando a su mamá, llamando a su papá, incluso maldiciendo".

Ana María Ramírez.
Pie de foto, Ana María Ramírez, ya recuperada aunque con secuelas, regresó al horror de aquellos momentos en una entrevista con BBC Mundo en Santo Domingo.

Ana María descubrió que su amiga Mena seguía viva junto a ella bajo el amasijo de concreto y metal.

"Nos agarramos de la mano y empezamos a orar. Ella decía mucho: 'Me voy a morir aquí'. Me decía que algo le había golpeado la cabeza y que tenía mucha sangre en la boca, en la cara. Y, calmándola a ella, también logré calmarme yo", relata.

Entre quienes quedaron atrapados estaba la gobernadora del municipio de Monte Cristi, Nelsy Cruz, quien antes de morir logró llamar al presidente de República Dominicana, Luis Abinader, y con esto alertar a las autoridades sobre lo que estaba sucediendo.

El ministro de Obras Públicas, Eduardo Estrella, acudió al lugar donde, además de coordinar la respuesta institucional, se enfrentó a un duro golpe familiar: su hijo y su nuera estaban muertos bajo el techo derrumbado del Jet Set.

Bomberos, policías, personal sanitario y voluntarios libraban en plena madrugada una carrera contrarreloj para rescatar a los sobrevivientes.

Bomberos en el rescate.

Fuente de la imagen, EPA

Pie de foto, El rescate de los sobrevivientes se prolongó durante largas horas tras la tragedia.

Tras casi cuatro horas asidas de la mano bajo los escombros, Ana María y Mena fueron rescatadas y trasladadas en ambulancia al hospital. La tercera amiga, Pierima, venezolana de 39 años, no sobrevivió.

Lejos de allí, Marilin, quien estaba de viaje fuera de Santo Domingo, recibió en mitad de la noche una llamada de su sobrino.

"Me dijo: 'Tía, ha pasado algo horrible. Se cayó el techo del Jet Set, tu hija Lorraine estaba ahí. La llamamos por teléfono a sus dos teléfonos y no responde'.

"En ese momento yo sentí que iba a morir, porque mi corazón comenzó a latir de golpe, de la cabeza a los pies, sin parar, y la respiración continua, mi boca seca", recuerda Marilin.

En la zona del derrumbe, el rescate continuaba.

Las ambulancias entraban y salían, familiares gritaban nombres, los rescatistas trataban de mover los bloques de concreto y, con el paso de las horas, la esperanza de encontrar más sobrevivientes disminuía.

Los hospitales de Santo Domingo recibieron decenas de heridos con traumatismos de todo tipo, entre ellos Ana María y Mena, que fueron sometidas a varias intervenciones para salvar sus vidas.

El martes por la noche apareció el cuerpo de Lorraine y, horas después, el hermano de la fallecida le dio la fatídica noticia a su madre.

"Mami, ya te lo voy a decir. Tenemos que ir a Patología Forense a hacer el reconocimiento del cadáver".

Por qué cayó el techo

En junio de 2025, dos meses después del derrumbe, el Ministerio Público recibió el informe técnico preliminar encargado para determinar las causas del mismo.

El peritaje, elaborado por un equipo de ingenieros, se basó en inspecciones de campo, análisis estructurales, ensayos de laboratorio y revisión documental.

Su conclusión era clara: el techo del Jet Set no falló de forma repentina, sino tras años de sobrecarga progresiva y modificaciones que alteraron su diseño original.

Vista aérea del Jet Set.

Fuente de la imagen, Reuters

Pie de foto, La cubierta del Jet Set colapsó de forma masiva y repentina.

El edificio fue construido en 1973 como un cine, con una cubierta sencilla cuya única función era techar la estancia rectangular de algo menos de 500 metros cuadrados.

Fue en 1994 cuando el establecimiento cambió de dueños para convertirse en lo que sería una de las salas de fiestas más icónicas de la capital dominicana.

El informe reconstruye cómo, con el paso de los años, la cubierta fue acumulando peso: se instalaron equipos de climatización, depósitos de agua, casetas técnicas y otros sistemas que llegaron a sumar hasta 17 elementos en el momento del derrumbe.

Como el peso hundía progresivamente la parte central de la cubierta, la lluvia se acumulaba ahí causando filtraciones. La solución fue añadir, a lo largo del tiempo, sucesivas capas de nivelación —también conocidas como "finos"— que alcanzaron un espesor total de 37,5 centímetros, según consta en el informe.

"Cuando las losas ceden, les ponen una capa de fino. Pero el edificio vuelve a ceder y el agua empieza otra vez a estancarse. Entonces añaden otra capa de nivelación para evacuar esa agua y vuelve a ceder. Y así, una y otra vez hasta que llegaron a siete capas", explica Andrik Soto, ingeniero estructural dominicano con 25 años de experiencia y sin vinculación con el caso.

El ingeniero estructural Andrik Soto, con camisa blanca y gesto serio, mira de frete a la cámara.
Pie de foto, El ingeniero estructural Andrik Soto explicó a la BBC en Santo Domingo las posibles causas del derrumbe.

A ese proceso se sumaron intervenciones para ampliar el local que añadieron más peso a la cubierta.

En una de ellas, para ampliar el escenario se eliminó una de las 12 columnas estructurales, reemplazándola por un soporte metálico a aproximadamente un metro de distancia, según recoge el informe pericial.

El ingeniero Andrik Soto usa una peculiar analogía para explicarnos por qué el techo pudo colapsar por completo y de forma repentina.

"Es como las galleticas de soda, que cuando rompen tiran migajas. Este techo es prefabricado y tenía como muchas galletitas de soda. Esas migajas eran pedacitos de techo que estaban cayendo cada vez que una losa rompía—como el fragmento que aterrizó sobre el cliente horas antes del suceso—. Hasta entonces no colapsaban porque los cables las sostenían, pero comenzaron a quebrar en serie, hicieron una fisura de falla y, cuando rompió el primer cable, todo cayó como un dominó en fracciones de segundo", apunta.

El jet set derrumbado.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, La cubierta soportaba más del doble del peso máximo para el que estaba preparada, según los cálculos de expertos a partir de datos del informe.

También le preguntamos por qué, tras años de sobrecarga, en su opinión el derrumbe se produjo esa noche.

"A las estructuras, cuando van haciendo línea de falla, les va penetrando agua y se van oxidando. Ese día estaba lloviendo y había una fiesta con vibraciones. El sonido tiene ondas como un terremoto y esas vibraciones, procedentes de las bocinas, fueron la última gota que derramó la copa", expone.

La batalla de las familias

Frente a la sala principal del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva en Santo Domingo se congregan periodistas, camarógrafos, activistas y familiares que visten de rojo para reivindicar la memoria de sus fallecidos.

Dentro de la sala, fiscales, abogados, testigos y el juez participan en una de las sesiones de la audiencia preliminar en curso.

El tribunal debe tomar la decisión más importante del proceso hasta el momento: si se abre un juicio contra los hermanos Espaillat —algo que prácticamente se da por sentado— y qué cargos se les imputan.

Maribel y Antonio Espaillat acudiendo a las audiencias protegidos por custodia policial.

Fuente de la imagen, EPA

Pie de foto, Maribel y Antonio Espaillat acudieron a la audiencia protegidos por custodia policial.

De momento la fiscalía les atribuye homicidio involuntario, delito que conlleva una pena máxima de dos años de cárcel y que parte de la premisa de que los acusados no tenían intención de causar las 236 muertes.

Las familias y sus abogados no están de acuerdo.

Piden que se reconozca lo que consideran evidente: que el derrumbe del Jet Set no fue un accidente sino una cadena de decisiones conscientes que pusieron vidas en riesgo.

En términos jurídicos, esto se llama homicidio voluntario con dolo eventual, como nos explica el abogado de diez de las víctimas, Plinio Pina.

En el homicidio involuntario, remarca el letrado, la persona responsable no tiene absolutamente nada que ver con el suceso que "simplemente ocurrió, pero al final escapaba de su control".

Pina sostiene que el papel de los acusados del caso Jet Set no encaja en esta figura sino en la de homicidio voluntario por dolo eventual.

"En este caso alguien tenía una obligación de seguridad y no falló pura y simplemente, sino que hizo cosas que pusieron toda la estructura en riesgo".

La diferencia, apunta, está en el conocimiento previo del peligro: "Ellos (los Espaillat) recibieron avisos que les indicaban la posibilidad de que ocurriera una catástrofe y desoyeron eso, decidieron ignorarlo y continuaron con la fiesta".

El dolo eventual no está tipificado en el Código Penal dominicano, pero es reconocido por la jurisprudencia como una forma de intención dentro del homicidio voluntario, castigado con hasta 20 años de cárcel.

Esa es la línea que defienden los querellantes agrupados en el Movimiento Justicia Jet Set, presidido por Ana María Ramírez y al que también pertenece Marilin Vargas, que exige una respuesta penal acorde a la magnitud de la tragedia.

Por su parte, los acusados mantienen que desconocían el mal estado de la cubierta y no imaginaban que pusiera en peligro las vidas de sus clientes, tal y como declaró Maribel Espaillat en la audiencia del pasado viernes 1 de mayo.

Familiares frente al Jet Set.

Fuente de la imagen, EPA

Uno de los testimonios más relevantes es el de Gregory Adames, antiguo empleado del local y sobreviviente, cuyo relato ha sido determinante para cambiar la percepción inicial del caso.

El abogado Pina reconoce que al principio pensó que se trataba de un accidente, pero su visión cambió tras escuchar a Adames.

"De primera impresión yo entendí que simplemente se había desplomado una estructura y no me interesé por el caso, pero Gregory nos comenzó a explicar el deterioro paulatino de la propiedad, cómo se fue agravando la situación hasta el punto de que se estaban cayendo los plafones, y que él hacía los informes y no le hacían caso".

Ese conocimiento previo, documentado en mensajes, audios y reportes internos, es el eje sobre el que las víctimas han construido su acusación alternativa a la del Ministerio Público.

"Aquí no se trataba de un simple accidente. Aquí había un homicidio", sentencia Pina.

Es ahora el magistrado quien decidirá si iniciar un juicio y, lo más importante, de qué se acusará a los Espaillat: homicidio involuntario, como solicita la fiscalía, u homicidio voluntario por dolo eventual, como piden los abogados de las víctimas.

El Ministerio Público dominicano no respondió a la solicitud de entrevista de BBC Mundo.

Los Espaillat

Detrás del Jet Set hay un apellido de origen francés con décadas de presencia en la vida económica, política y mediática de República Dominicana: Espaillat.

Una de las 32 provincias que componen el país se llama Espaillat en honor al 19º presidente de la República, Ulises Francisco Espaillat Quiñones (1823–1878).

Desde hace un año ese apellido está ligado a la tragedia, con los hermanos Antonio y Maribel como acusados.

Antonio es propietario de RCC Media, que incluye alrededor de 50 estaciones de radio, una cifra que lo convierte en el segundo radiodifusor más grande de República Dominicana.

También maneja negocios de publicidad exterior: según la investigación de la periodista Camila García Durán, el empresario compró una nueva compañía de carteles publicitarios por US$5,6 millones tres meses después del derrumbe.

Maribel, por su parte, era la responsable directa de la operación del Jet Set y de otros establecimientos del grupo, con un rol ejecutivo en la gestión diaria.

BBC Mundo se comunicó con su abogado, Miguel Valerio, cuyo equipo respondió que ni él ni los dos representados ofrecerían declaraciones.

Hermanos Espaillat en la audiencia

Fuente de la imagen, EPA

Pie de foto, Los hermanos Espaillat, que solían participar en las fiestas del Jet Set, aseguran que desconocían el peligroso estado del techo del local.

Antonio y Maribel han evitado pronunciarse en la esfera pública, excepto en contadas ocasiones, como una entrevista televisiva dos semanas después del suceso en la que él dio algunas explicaciones.

Aunque reconoció haber sido consciente de problemas de filtraciones y de rotura de plafones, Antonio Espaillat —quien se encontraba en Las Vegas la noche de la catástrofe— negó haber autorizado reformas o trabajos que pusieran en peligro la integridad de la cubierta del Jet Set.

Maribel Espaillat habló frente al juez en la audiencia del viernes 1 de mayo.

La directora operativa de la discoteca recordó los minutos posteriores al derrumbe, en el que sufrió heridas leves, y se presentó como una víctima más. También aseguró que nunca se había imaginado que el techo del local pudiera colapsar.

El hecho de que Maribel sobreviviera al derrumbe, y de que tanto ella como su hermano asistieran con frecuencia a las fiestas del Jet Set, es uno de los principales argumentos de la defensa para sostener que desconocían el riesgo estructural.

Familiares de víctimas han criticado que los hermanos no acudieran al lugar del siniestro mientras se desarrollaban las operaciones de rescate en los días posteriores al derrumbe.

Tampoco ha estado exenta de controversia la forma en que han manejado las consecuencias laborales y judiciales de la tragedia.

Según testimonios recogidos por la periodista García Durán, los trabajadores sobrevivientes del Jet Set —7 murieron bajo los escombros— fueron citados en las oficinas de RCC Media en los días posteriores al colapso.

Entre los documentos de su liquidación había un acuerdo de confidencialidad para no divulgar información sobre lo ocurrido que, según Gregory Adames, todos menos él firmaron sin saber de qué se trataba.

Adames se ha convertido en pieza central del caso al denunciar presuntas irregularidades y aportar elementos que apuntan a un conocimiento previo del mal estado del techo.

Título del video, Adames filmó, en noviembre de 2024, este video que revela filtraciones masivas de agua en el techo desde mucho antes del colapso.

En paralelo, la defensa de los Espaillat ha impulsado una estrategia de acuerdos económicos con familiares de las víctimas.

"Algunos han conciliado por montos irrisorios, como 20.000 pesos (US$335). El caso en el que más se ha dado hasta el momento son unos 5 millones (US$84.000). Hay personas a las que les han ofrecido desde 100.000 pesos (US$1.680) a un millón (US$16.800)", apunta García Durán.

La periodista también denuncia tácticas cuestionables.

"Tengo conocimiento de que los abogados de los Espaillat dan un bono a los abogados de los querellantes para que convenzan a sus clientes de aceptar unos 700.000 pesos (US$11.750)".

El resultado es la división entre las propias familias de las víctimas: mientras algunas han optado por aceptar compensaciones y retirar sus demandas, otras están decididas a agotar la vía legal con el objetivo de que los responsables del Jet Set asuman las consecuencias penales de la catástrofe.

Las imágenes de la tragedia

A medida que pasaban los días tras el derrumbe, algunos videos del momento grabados con teléfonos móviles comenzaron a circular por las redes.

Eran fragmentos confusos e incompletos captados en medio del caos que no bastaban para reconstruir lo ocurrido, si bien ofrecían algunas pistas.

Hasta que aparecieron unas imágenes clave: las grabaciones de las 16 cámaras de seguridad del local, que documentan lo sucedido desde horas antes del colapso hasta minutos después.

La periodista García Durán las consiguió tras meses de investigación y de múltiples solicitudes a las autoridades al no conformarse con el material incompleto brindado por el Ministerio Público a los abogados de las víctimas.

"Hace como dos meses recibí dos discos duros y lo primero que abro es una carpeta que dice 'cortes de video', y cuando los abro eran como 30 archivos en mp4 con todas las cámaras de seguridad", indica.

Algunas de las imágenes muestran la actividad en el Jet Set momentos antes de la tragedia: empleados y clientes señalan y miran hacia el techo, conscientes de que algo no iba bien.

Título del video, Empleados del bar señalan el techo momentos antes del colapso.

En uno de los videos Gregory Adames habla con Maribel Espaillat en el almacén de la discoteca.

Según el testimonio del exempleado, en ese momento estaba pidiendo a la responsable del Jet Set cancelar el concierto de esa noche tras caer fragmentos del techo sobre un cliente.

Después, las cámaras registran cómo la cubierta cae en bloque sobre la discoteca, sepultando a artistas, espectadores y trabajadores.

En los minutos posteriores al derrumbe, las cámaras que aún funcionan en los espacios laterales, como la cocina o los pasillos anexos, muestran a individuos desorientados, heridos, algunos tratando de ayudar a salir a otros, como Maribel Espaillat que, asistida por dos personas y visiblemente aturdida, abandona el local.

Durante días, la periodista dudó si debía hacer públicas esas imágenes.

"Pregunté a los familiares de las víctimas y la mayoría —yo pensaba todo lo contrario— me dijeron: 'Por favor, sácalas (las imágenes); aunque sean nuestros hijos, nuestros hermanos sufriendo ahí abajo. Si esto puede hacer un cambio para que esto no quede impune, sácalas'", recuerda Camila García Durán.

"Cuando al día siguiente las saqué (ocultando las partes más duras) fueron virales aquí y en todos los medios que se han hecho eco de esta tragedia, porque nadie sabía que eso existía".

Además de los videos de las cámaras de seguridad, también arrojan luz sobre lo sucedido las grabaciones que Gregory Adames había realizado con su teléfono horas antes del desplome y en los días previos.

Adames, según consta en la investigación, había enviado por WhatsApp a los Espaillat varias de estas grabaciones para advertirles del mal estado de la cubierta.

El dolor de un país

El derrumbe del Jet Set sumió a República Dominicana en un estado de conmoción.

"Yo nunca había sentido mi país tan en silencio, con tanto dolor. Este es un país alegre y tuvimos como seis meses donde a la gente se le veía en la cara la tristeza", explica Camila García Durán.

La tragedia trascendió el ámbito judicial y mediático para convertirse en objeto de intensos debates, crónicas y hasta literatura, con el recién publicado libro "Jet Set: La fiesta mortal" en el que el periodista dominicano Diógenes Pina reconstruye aquella noche a partir de testimonios de familiares y sobrevivientes.

Una de ellas, Ana María Ramírez, piensa cada día en sus dos amigas: Mena, que sobrevivió asida a su mano, y Pierima, quien perdió la vida.

Mena (que cumplía años), Pierima (que falleció) y Ana María en el Jet Set minutos antes del colapso.

Fuente de la imagen, Ana María Ramírez

Pie de foto, Mena (que cumplía años), Pierima (que falleció) y Ana María en el Jet Set minutos antes del colapso.

"Eso ha sido el dolor más grande para mí. Que muriera así, tan joven, 39 años"

"Era una mujer bella, alegre, carismática. Era el sustento de su familia. Acababa de traer a su hijo de Venezuela para que estudiara arquitectura aquí. Ahora él ha tenido que regresar a su país".

Es uno de los 174 niños y adolescentes que la catástrofe del Jet Set dejó huérfanos. De ellos, 34 perdieron a ambos padres.

Marilin Vargas, por su parte, regresa casi a diario desde su teléfono a las cuentas de Instagram y TikTok de su hija, donde quedan las memorias públicas de los últimos años de una joven llena de vida.

"Lorraine era muy risueña, muy feliz, le gustaba mucho celebrar el cumpleaños, salir… Era soltera y tenía la libertad de celebrar con sus amigos. Era un alma muy libre".

Frente a la sala de audiencias del Palacio de Justicia, esta desconsolada madre nos explica por qué, en cada sesión del caso, deja de lado su negocio para acudir al Palacio de Justicia.

"No vamos a recuperar nuestros seres queridos, pero nos da un poco de paz saber que los culpables van a pagar la pena".

Valla publicitaria que anuncia el concierto de Rubby Pérez el 7 de abril de 2025.
Pie de foto, Un año después, aún no se ha retirado la última valla publicitaria del Jet Set.

Los familiares de las víctimas, periodistas y ciudadanos con los que converso coinciden en varias ideas: que la justicia aquí no trata igual a todos; que el dinero y la influencia brindan importantes privilegios a las familias poderosas; y que este caso, el más importante en décadas en República Dominicana, pondrá a prueba las dos afirmaciones anteriores.

A unos 15 minutos de trayecto por el Malecón de la capital, el edificio negro del Jet Set conserva intacta la entrada y tres de sus cuatro muros.

El lateral descubierto revela los trabajos de obreros y máquinas que retiran escombros para, según los medios locales, elaborar el peritaje alternativo que han solicitado los abogados de los Espaillat de cara a su previsible juicio.

El perímetro del local está cercado y un mural de recuerdo a las víctimas se despliega frente al corredor cubierto que daba acceso a la sala de fiestas más popular de la ciudad.

El enorme cartel promocional del concierto de Rubby Pérez del 7 de abril de 2025 preside el lugar, como si hubiera quedado congelado en el tiempo.

Como si aquel concierto no hubiera marcado para siempre las vidas de cientos de familias y, de uno u otro modo, de los más de 11 millones de dominicanos que nunca olvidarán esa fecha.

""

Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.

Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.

También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp.

Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.