Jantelagen, la idea que explica por qué los suecos valoran la humildad y no ponerse por encima de los demás

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- Autor, Daniel Seifert
- Título del autor, BBC Travel*
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 7 min
Como un utlandssvensk —un sueco que creció en el extranjero—, siempre me han fascinado las normas no escritas que moldean la vida social sueca.
Una vez me puse a charlar con una compatriota en una fiesta. Era el 4 de julio y comentamos por qué nuestro país no celebraba su día nacional con tanto fervor como los estadounidenses. Nada de fuegos artificiales ni desfiles: ¿a qué se debía?
"Bueno, resultaría bastante vergonzoso, ¿no?", dijo.
"Toda esa autocomplacencia. Es un poco excesivo", añadió bajando la voz, como si hubiera un estadounidense merodeando a pocos centímetros de nuestra mesa.
Según explicó, lanzar fuegos artificiales en honor a la nación (y, por ende, a uno mismo) huele a autocomplacencia y ostentación, dos cosas que resultan detestables en gran parte de Escandinavia.
Cuando felicité a mi compañera por lo bien que había expuesto el tema, me miró de reojo y hizo un gesto con la mano para restarle importancia a mi elogio, como si fuera un mal olor.
"No, por favor. Es solo mi humilde opinión", zanjó.
Un código de conducta basado en la modestia
Para entender esta aversión a ser el centro de atención —aunque sea mínimamente— muchos suecos señalan la Jantelagen, o Ley de Jante: un código social no escrito, arraigado en toda Escandinavia, que valora la humildad, la igualdad y el no ponerse por encima de los demás.
El término proviene de la novela satírica de 1933 del autor danés-noruego Aksel Sandemose, titulada A Fugitive Crosses His Tracks ("Un fugitivo se cruza en su propio camino"), ambientada en la ciudad ficticia de Jante.
Sandemose utilizó Jante para criticar con dureza el conformismo de la vida en los pequeños pueblos escandinavos, estableciendo diez "leyes" destinadas a poner firmemente en su sitio a cualquiera que se considerara excepcional.
Reglas como "no creas que eres algo especial" o "no creas que eres más listo que (los demás)" dejan al lector con el ego deliberadamente magullado; y ese es precisamente el objetivo.
El actor sueco Alexander Skarsgård incluso mencionó la Jantelagen en el desaparecido programa de televisión "The Late Show with Stephen Colbert" como la razón por la que esconde sus premios de interpretación: para evitar parecer presuntuoso.

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Casi un siglo después, las leyes de Sandemose siguen siendo memorables y muy citadas, lo que ayuda a que Jantelagen perdure como una forma abreviada de definir la cultura.
Stefan Dahlberg, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Mid Sweden, escribió un artículo sobre el legado moderno de Jantelagen. Para él, estas reglas no son leyes estrictas que rigen el comportamiento sueco.
En cambio, explicó, "se entienden mejor como una referencia cultural abreviada para un conjunto de normas familiares (...) que se pueden reconocer en las interacciones cotidianas en Suecia".
"Las diferencias de estatus tienden a minimizarse, las relaciones sociales son relativamente informales y la autopromoción ostentosa puede considerarse de forma negativa", agregó.
Diferencias entre países
Es probable que los visitantes de Suecia vean esto en acción al conversar con los lugareños.
Si se elogia el inglés de un sueco, por ejemplo, es posible que este le reste importancia rápidamente y murmure en sueco: "Äsch, det är ju inte flytande…" (Bah, tampoco es que lo hable con fluidez...). Enorgulleciendo a Sandemose.
Estas cualidades también se observan en los rituales cotidianos suecos, desde el Fredagsmys —unos "viernes acogedores" y sin pretensiones con amigos o familiares— hasta el Lördagsgodis ("dulces del sábado"), una costumbre en la que los padres permiten que sus hijos den rienda suelta a su afición por los dulces un solo día, tras una semana de moderada abstención.

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Esto no significa que Jantelagen funcione como un reglamento literal, ni que se aplique de la misma manera en toda Escandinavia.
El estudio de Dahlberg sobre Jantelagen en Noruega —país vecino geográfica y culturalmente— reveló que, por lo general, los encuestados no estaban de acuerdo con las afirmaciones de Jante. Al fin y al cabo, explicó Dahlberg, Sandemose ideó la lista como una crítica feroz al conformismo.
"Así que, en realidad, el concepto mezcla dos cosas: una idea igualitaria de que nadie es intrínsecamente mejor que los demás y una presión más negativa para no destacar demasiado", apuntó.
La otra cara de Jante

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La Jantelagen tiene otra faceta menos evidente.
En una cultura en la que, por lo general, se ve con malos ojos llamar la atención, la reserva sueca puede desaparecer en las fiestas, cuando la tradición de las snappsvisor (canciones atrevidas que se entonan a todo pulmón mientras se beben cantidades heroicas de aquavit) y los discursos teatrales crean espacios sociales seguros en los que abrirse.
Así pues, aunque la Jantelagen se suele esgrimir como justificación de la reserva y la timidez suecas, también puede revelar lo contrario.
"La frase: 'No creas que eres mejor que nadie' puede interpretarse en sentido inverso: no des por sentado que alguien es superior a ti simplemente porque sea más rico, haya tenido más éxito o ostente un título de mayor prestigio", apuntó Dahlberg.
Con tantas cosas bullendo bajo la superficie, Suecia puede resultar engañosamente compleja. Por suerte, existen cursos diseñados para ayudar a los extranjeros desconcertados. Yvonne Gossner dirige Learn Swedish Culture AB, y el negocio prospera.
"Me di cuenta de que había una gran demanda de información práctica sobre la cultura sueca, especialmente entre los extranjeros que intentan desenvolverse aquí", comentó.
"Muchos se sentían perdidos o incomprendidos en situaciones cotidianas, o incluso al intentar hacer amigos suecos", agregó.
Un buen ejemplo de esto es el caso de un cliente sudamericano que llegó con una hora de retraso a la fiesta de una mujer sueca, trayendo consigo un gran plato de comida como sorpresa. A la anfitriona "no le hizo ninguna gracia", ya que los invitados ya habían comido, y el plato —excesivamente grande y llegado a destiempo— quedó intacto en un dormitorio.
Los suecos, señala Gossner, valoran enormemente la puntualidad y la cortesía. Si te invitan a casa de un sueco, ella sugiere enviar un mensaje de agradecimiento después de la fiesta.
"Existe incluso un chiste sueco que dice: 'No olvides enviar una nota de agradecimiento por la nota de agradecimiento'", añadió.
Llevar un plato de comida sin que lo hayan pedido puede parecer una forma de insinuar que "mi comida es mejor que la tuya", mientras que no reconocer la cortesía de alguien puede alterar el equilibrio social.
Rompiendo el hielo sueco
Lola Akinmade Åkerström, autora, escritora de viajes y fotógrafa nigeriano-estadounidense, se mudó a Suecia hace más de 15 años y se quedó inicialmente "un tanto desconcertada por la filosofía tácita" de Jantelagen, así como por las facetas contradictorias del carácter nacional.
"Suecia es la sociedad más abierta, dirigida por las personas más reservadas", afirmó.
Si quieres incomodar profundamente a un sueco, aconsejó, basta con establecer contacto visual en un tren silencioso y soltar un: "¡Hola! ¿Cómo estás?". Sin embargo, no es que sean fríos, sino que respetan la idea de que nadie debe invadir el espacio de un desconocido.

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Esa preferencia por la discreción va más allá de las interacciones sociales. Al recorrer el campo, se puede apreciar en las apreciadas casas de verano del país.
"Creo que los suecos ostentan el récord mundial de casas de verano per cápita: cerca de la mitad de la población tiene acceso a una", comentó Orvar Löfgren, profesor emérito de Etnología en la Universidad de Lund.
No obstante, rara vez se trata de segundas residencias ostentosas. Más bien reflejan valores rústicos y rurales, incluso entre los propietarios adinerados. (No creas que tu cabaña es mejor que las demás, diría Sandemose).
Durante su estancia en Suecia, los visitantes también pueden observar pequeñas banderas suecas en pasteles de cumpleaños, productos de supermercado y celebraciones estudiantiles.
"Los suecos, a quienes les gusta verse a sí mismos como personas no nacionalistas, en realidad son muy dados a enarbolar la bandera", afirmó Löfgren.
Y, a pesar de su fama de reservados, "a los suecos les encanta celebrar", añadió.
La Navidad, la Pascua, el solsticio de verano, los cumpleaños y los exámenes de graduación se celebran "con mayor intensidad que en la mayoría de los países europeos".
Podría decirse que estas ocasiones muestran a los suecos en su mejor faceta, aunque, por supuesto, ellos no lo expresarían con tanta jactancia.
*Este artículo fue publicado originalmente en BBC Travel. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés
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