"Una vez me regaló un muñeco vestido de él mismo": Alina Fernández, la hija rebelde de Fidel Castro, el hombre al que nunca quiso llamar papá

Alina y Fidel Castro en los años 60

Fuente de la imagen, Alina Fernández

Pie de foto, Fidel Castro tuvo 7 hijos reconocidos con tres mujeres diferentes, entre los cuales Alina es la única mujer.
    • Autor, Atahualpa Amerise
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 11 min

"Fidel Castro saltaba de la pantalla del televisor a la sala de casa".

Desde que comenzó a tener uso de razón, Alina Fernández Revuelta recibía frecuentes visitas del líder de la Revolución cubana.

A los 10 años, le confesaron que era su padre.

Este 13 de agosto de 2026 se cumplen 100 años del nacimiento de Fidel, y su única hija reconocida recibe a BBC Mundo en Miami para contar una historia de vida ligada a la de aquel hombre barbudo con uniforme militar a quien nunca quiso llamar "papá".

Nacida en La Habana en 1956 fruto de la relación extramatrimonial entre el dirigente y Naty Revuelta —una bella joven de la alta sociedad habanera— Alina creció los primeros años engañada sobre quién era su padre.

Creyó que era Orlando Fernández, el esposo de su madre, hasta que a los 10 años Naty le reveló un secreto que, en realidad, ya conocían casi todos a su alrededor.

Alina rechazó adoptar el apellido Castro y durante años trató de ocultar un parentesco que, asegura, le supuso más zancadillas que privilegios.

Alina Fernández

Fuente de la imagen, Atahualpa Amerise BBC

Pie de foto, Alina Fernández recibió a BBC Mundo en su casa en Miami.

Su primer recuerdo de Fidel, confiesa, es el de un hombre barbudo que en 1959 sustituyó a Mickey Mouse en el televisor debido al avance hacia La Habana con los rebeldes.

En 1993, Alina desapareció de Cuba con un pasaporte falso, una peluca y un impostado acento español.

Ya en Estados Unidos, comprendió que aquella identidad que tanto había querido esquivar le ofrecía una plataforma para denunciar lo que estaba pasando en la isla.

La hija de Fidel Castro nos recibe con una colada cubana (café batido con cantidades ingentes de azúcar) en su patio poblado de flores del barrio residencial de Miami donde vive desde hace más de dos décadas.

En nuestra conversación, la mujer de 70 años repasa los detalles de su vida de película, que comienza con los primeros recuerdos del dirigente revolucionario que marcó para siempre su destino y el de todo un país.

El señor de las visitas nocturnas

Alina aún no había cumplido 3 años cuando el 1 de enero de 1959 Fulgencio Batista huyó al exilio y Fidel Castro emprendió desde Santiago la caravana que ocho días después lo llevó a La Habana como nuevo líder de Cuba.

En el televisor de su casa "desapareció Mickey Mouse", recuerda, para mostrar a "unos señores barbudos que colgaban de unos carros, que me daban bastante miedo y que se pasaron días en la pantalla del televisor".

Capitaneados por Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, los rebeldes entran en La Habana el 8 de Enero de 1959.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Capitaneados por Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, los rebeldes entraron en La Habana el 8 de Enero de 1959.

La celebración inicial en las calles pronto dio paso, en su memoria, a un ambiente muy distinto.

"Después llegaron los fusilamientos, que también fueron televisados, y los juicios populares. Cuba se cargó de una atmósfera como de miedo, como de violencia", evoca.

La transformación del país dividió a muchas familias, incluida la suya: su madre abrazó la Revolución, mientras su abuela maldecía a los nuevos dirigentes y otros parientes —entre ellos el que creía ser su padre— optaban por dejar todo atrás y subirse a un avión rumbo a EE.UU.

Mientras crecía sin llegar a comprender bien todo esto, Alina comenzó a recibir en casa las visitas esporádicas del nuevo líder cubano.

Alina con su madre

Fuente de la imagen, Alina Fernández

Pie de foto, Alina con su madre en 1958, cuando la hija de Fidel Castro tenía 4 años.

"Era una presencia nocturna, pero recurrente, con periodos de ausencia también", rememora.

Explica que Fidel jugaba con ella en el suelo de la sala y le llevaba regalos, entre los que recuerda uno.

"Me regaló un muñeco vestido de él mismo, de Fidel Castro, y yo le quitaba los pelitos de la barba porque era un muñeco bebé", recuerda.

También observaba que a su madre "se le encendían los ojos" cuando él aparecía: "El amor se reconoce, y mi madre estaba enamorada de él".

Alina Fernández y su madre, Naty Revuelta, a principios de los años 1960.

Fuente de la imagen, Alina Fernández

Pie de foto, Alina Fernández y su madre, Naty Revuelta, a principios de los años 1960.
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Naty Revuelta y Fidel Castro estaban casados cuando comenzó su romance: ella con el cardiólogo Orlando Fernández; él con Mirta Díaz-Balart, que pertenecía a una influyente familia habanera con vínculos con el régimen de Batista.

Orlando dio su apellido a Alina y ella creció convencida de que era su padre, incluso después de que él abandonara Cuba en 1961.

Tenía 10 años cuando conoció la verdad.

"Mi madre me lo dijo. Me iba a cambiar de escuela y no quería que viniera alguien en la calle y me lo soltara".

Aunque la noticia no la sorprendió —Fidel ya se había convertido en una especie de figura paterna con sus visitas esporádicas— sí le produjo "un sentimiento de traición y de engaño", explica, ya que todo su entorno, incluida su mejor amiga, se había hecho eco de los rumores.

"Era el secreto del payaso: el circo entero lo sabía", ironiza.

A los 12 o 13 años rechazó cambiarse el apellido: "Solía decir 'no' cuando me preguntaban si era hija de él y me pareció poco digno llegar un día, de pronto, con un apellido cambiado. No le vi ningún tipo de utilidad".

Tampoco llamó nunca "papá" a Fidel, dice. Para ella, esa palabra pertenecía al hombre al que recuerda como la figura paterna de sus primeros años, Orlando Fernández.

Su relación con Fidel Castro

Mientras Alina crecía, también aumentaba su frustración y desencanto, no solo con su padre sino también hacia el nuevo sistema impuesto en Cuba.

Al saber que era hija de Fidel Castro, muchas personas le entregaban cartas con la esperanza de que las pusiera en manos del dirigente.

Alina en su casa

Fuente de la imagen, Walter Fojo BBC

Pie de foto, Alina explica a BBC Mundo qué le hizo rechazar las ideas revolucionarias que su madre abrazó por el resto de su vida.

"Eran personas que habían tenido fusilados en la familia y trataban de conseguir el permiso para salir de lo que para ellas era un infierno; gente que tenía presos políticos condenados a incontables años… Todas esas cosas las fui viendo desde pequeña".

A ello se sumaban las campañas destinadas a construir el "hombre nuevo", el adoctrinamiento y el culto a la personalidad del líder.

"No había fines de semana, porque los fines de semana estaban dedicados al trabajo voluntario —que en realidad era obligatorio—, las movilizaciones a la guerra, guerrillas, movimientos... Un hombre (Fidel) que daba discursos televisados de siete horas que nos obligaban a ver y, al día siguiente, a estudiar en las aulas… Era una pesadilla".

"Tenías la sensación de que estabas viviendo en un manicomio", sentencia.

Las visitas de Fidel se hicieron menos frecuentes después de que Naty y Alina pasaran una temporada en Francia, enviadas por el propio Castro para, según ella, marcar distancias con su madre.

fotos antiguas impresas en su libro "Alina: Memorias de la hija rebelde de Fidel Castro"

Fuente de la imagen, Walter Fojo BBC

Pie de foto, Alina Fernández nos enseña fotos antiguas impresas en su libro "Alina: Memorias de la hija rebelde de Fidel Castro"

Desde entonces, asegura, él irrumpía ocasionalmente en su vida con decisiones repentinas, como rechazar a sus pretendientes o cambiarla de centro de estudios.

"Siempre eran ideas locas. Aprendí a vivir sin contar con él", afirma.

Cuando le preguntamos cómo era Fidel Castro en el ámbito privado, lo describe como "inteligente, astuto, educado" y poseedor de una "curiosidad infinita", aunque también "manipulador y embustero".

"A mí misma me dijo varias mentiras. Se le olvidaba que me había dicho una cosa y después me daba otra versión".

La conversación entre padre e hija tampoco fluía con facilidad: "Era una persona de monólogo. Si quería conversar conmigo, no era para conversar conmigo, sino para seguir oyéndose".

Una de sus escasas confrontaciones, recapitula, ocurrió cuando la policía arrestó a unos artesanos que vendían zapatos, llaveros y otros productos en la Plaza de la Catedral de La Habana.

"Le pregunté: '¿Pero por qué?'. Y me respondió: 'Porque el Estado nunca puede perder el monopolio del comercio'".

Una huida de película

Alina con una bandera cubana

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Tras escapar de la isla, la hija de Fidel Castro se convirtió en una activa opositora al régimen cubano desde EE.UU.

Desde muy joven, Alina dice que quiso marcharse de Cuba: se sentía cada vez más alejada de su padre, rechazaba el sistema que este había impuesto y sufría las carencias que se habían instalado en la vida cotidiana del país.

"Fidel Castro fue quien sentó las bases para este dislate. Dos años después del triunfo de la Revolución ya no había comida", lamenta.

Intentó viajar al extranjero en varias ocasiones, explica, pero se lo prohibieron al considerar que podría ser "un problema político".

A principios de la década de 1990, el colapso del bloque soviético abrió en Cuba el llamado Período Especial, una época de extrema escasez marcada por el hambre, los apagones y la falta de transporte.

Ella ya era abiertamente disidente y, pese a ser la hija del comandante en jefe, temía ser arrestada: "Cualquier ruido de la puerta de un carro de madrugada te hacía pensar que te venían a buscar".

Su gran oportunidad llegó el 19 de diciembre de 1993, con un meticuloso operativo preparado por amigos cercanos.

Una española prestó su pasaporte y su billete de avión, otra manipuló el documento para que ella pudiera utilizarlo y Alina tomó un taxi hacia el aeropuerto de La Habana.

"Desde que subí al taxi empecé a hablar como española para practicar porque cuando llegara al aeropuerto, si me hacían hablar, debía tener un acento. Y engañé perfectamente al chofer".

Con una peluca y cargada de maquillaje ("pintorreteada", en sus palabras) para evitar que la reconocieran, llegó al aeropuerto.

Asegura que "no tenía nervios, sino una especie de resignación tremenda: o aquí se nos arregla la vida o aquí se nos acaba de fastidiar".

"Pasé la aduana perfectamente bien. Me había aprendido el nombre, el apellido, la fecha de nacimiento y algunos datos de la titular del pasaporte. El avión salió con retraso, así que me senté tranquilamente a leer un libro de Henry Miller y dije, bueno, que pase lo que sea".

Tras la larga espera, el abordaje se produjo sin incidentes.

"La sensación que recuerdo, una vez que pude sentarme en el avión, era la de salir del manicomio", afirma.

Voló a Madrid y después obtuvo autorización para entrar en Estados Unidos y desde allí reclamar el permiso de salida de Cuba de su única hija, de 16 años.

Tras la mediación del reverendo estadounidense Jesse Jackson, finalmente ambas se reencontraron en Georgia el 31 de diciembre, justo a tiempo para celebrar juntas la llegada del nuevo año 1994.

Alina Fernández y su hija Alina María Salgado, conocida familiarmente como Momín, celebran la llegada de esta última a Estados Unidos en la nochevieja de 1993.

Fuente de la imagen, Alina Fernández

Pie de foto, Alina Fernández y su hija Alina María Salgado, conocida familiarmente como Momín, celebran la llegada de esta última a Estados Unidos en la nochevieja de 1993.

"En EE.UU. me convertí en hija de Fidel Castro de verdad"

Alina alternó estancias en Estados Unidos y España hasta instalarse definitivamente en Miami en 2001.

Desde el inicio de su exilio, el parentesco que durante décadas había intentado esconder se convirtió en un arma para denunciar la situación en la isla.

"Lo que nunca quise hacer en Cuba, que era hablar de Fidel Castro ni reconocerme como parte de su familia, aquí sí lo he hecho. A los 40 años me convertí de verdad en hija de Fidel Castro", sentencia.

Trabajó como técnica en un laboratorio de cultivos celulares y compaginó ese empleo con la radio, donde condujo durante años el programa "Simplemente Alina" en la emisora local WQBA.

En 1997 publicó el libro autobiográfico "Alina: memorias de la hija rebelde de Fidel Castro", convertido en un éxito de ventas en España y posteriormente traducido a varios idiomas.

Alina en una de las presentaciones de su libro en 1997.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, La "hija rebelde de Fidel Castro", en una de las presentaciones de su libro en 1997.

Cuando le preguntamos cómo recibió la noticia de la muerte de Fidel Castro, el 25 de noviembre de 2016, responde que "ni con gran tragedia ni con gran alegría".

"No fue una conmoción para mí", añade.

Alina protagoniza "Revolution's Daughter", un documental estrenado en abril de este año que entrelaza su biografía con las voces del exilio cubano para presentar una visión crítica del régimen vigente desde la Revolución de 1959.

Más de seis décadas después, bajo la presidencia de Miguel Díaz-Canel, Cuba atraviesa una situación que muchos califican como más extrema que la del Período Especial, con apagones constantes, deterioro generalizado, escasez y hambre.

Para Alina, la crisis actual es fruto del sistema político y económico impuesto por su padre: "Cuando el Estado se apropia de todos los negocios, todo el mundo se queda sin cabeza".

"Todos se preguntan dónde está la economía de Cuba. Pues, dispersa por el mundo entero, con sus brigadas, con sus asesores, con todo lo que se ha sacado de Cuba en aras de exportar la Revolución, que era el sueño megalómano de Fidel Castro", sentencia.

Sobre quién conserva hoy el poder —algunos expertos señalan a Raúl Castro, de 95 años, y su familia— sostiene que "Cuba es un lugar que le pertenece a una junta de militares y no la van a soltar tan fácilmente".

Alina, de niña, junto a su tío Raúl Castro en la parte central superior de la imagen.

Fuente de la imagen, Alina Fernández

Pie de foto, Alina, de niña, junto a su tío Raúl Castro en la parte central superior de la imagen.

Alina Fernández, que está jubilada y lleva una vida modesta en Miami, explica que desde hace décadas no tiene vínculo alguno con los Castro, ni siquiera con los que se exiliaron, como la familia de su tía Juanita Castro, la hermana de Fidel.

Cuando le preguntamos qué ha heredado de la personalidad de su padre biológico, se toma unos segundos para pensar.

"Yo soy una persona muy práctica y muy racional. No sé cuánto lo era él; no demostró serlo nunca", responde.

Y agrega: "A veces, para criticar a alguien, tienes que encontrar algo positivo. Y yo no encuentro nada".

Nuestra última pregunta es cómo cree que la historia recordará al comandante en jefe de la Revolución cubana que habría cumplido 100 años este 13 de agosto de 2026.

"Yo creo que ya ni lo recuerda, fíjate. Es que la historia se ha vuelto muy trepidante. Fidel Castro, al final, ha quedado como un símbolo de la izquierda del cual ya ni se habla. Es tan evidente el deterioro de Cuba que, por mucho que se siga intentando echar la culpa a los estadounidenses, ya es más que obvio que ni tan tan, ni muy muy".

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