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Chernóbil: cómo la Unión Soviética trató de ocultar la mayor catástrofe nuclear de la historia y cómo se enteró el mundo hace 40 años
- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC News Mundo*
- Tiempo de lectura: 9 min
Es difícil imaginar una tragedia peor que la registrada en Chernóbil hace 40 años. Pero cuesta todavía más hacerse a la idea de cómo la Unión Soviética trató de evitar por todos los medios que saliera a la luz el mayor desastre nuclear de la historia.
Cuando el reactor número 4 explotó el 26 de abril de 1986, esparciendo nubes radioactivas por todo el hemisferio norte de la Tierra —desde Checoslovaquia hasta Japón— y lanzando a la atmósfera el equivalente a 500 bombas de Hiroshima, el Partido Comunista de la URSS trató de controlar la información y dar su propia versión sobre los hechos.
"Ocultaron la gravedad del accidente desde el principio y se negaron a evacuar Kyiv", la actual capital ucraniana, contó la periodista Irena Taranyuk, del servicio ucraniano de la BBC, en 2019.
Taranyuk era estudiante y vivía entonces en la región occidental de la antigua URSS. Recuerda el miedo y la confusión que sintió cuando estalló la noticia.
"Nos informábamos a través del 'enemigo' —los medios occidentales, como la BBC— sobre lo que estaba ocurriendo. Mientras tanto, muchos jóvenes y compañeros universitarios eran enviados a trabajar en la zona como voluntarios, exponiéndose a la radiación".
La URSS no pudo contener la noticia por mucho tiempo. "No era posible encubrir algo tan grande como aquello. Los rumores comenzaron a correr como el agua", dijo Taranyuk.
Cuatro décadas después, todavía no conocemos el alcance total de la tragedia ni cuántas personas murieron de cáncer u otras enfermedades vinculadas a ella.
"Según los informes oficiales, 31 personas murieron en el momento y 600.000 liquidadores involucrados en las operaciones de extinción del fuego y de limpieza estuvieron expuestos a los altos niveles de radiación", detalla Naciones Unidas sobre el desastre.
Además, y también de acuerdo a datos oficiales, "cerca de 8.400.000 personas en Belarús, Ucrania y Rusia (...) estuvieron expuestas a la radiación".
El organismo incluso destaca que "de haberse comunicado medidas de protección con mayor antelación, muy posiblemente se habría evitado que la población estuviera expuesta a algunos radionucleidos, como el yodo-131, que causan cáncer de tiroides".
"Una evacuación más temprana habría sido útil para que la gente no estuviera en la zona donde más peligroso es el yodo-131, entre ocho y 16 días después de haber sido liberado".
Sin embargo, la URSS tardó 18 días en hablar en televisión sobre la verdad de Chernóbil.
De la negación a la irresponsabilidad
Eran las 5 de la mañana cuando Mijaíl Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, recibió una llamada telefónica. Había ocurrido una explosión en la planta nuclear de Chernóbil. Pero, aparentemente, el reactor estaba intacto.
"En las primeras horas e incluso el día después del accidente no se sabía que el reactor había explotado y que había una enorme emisión nuclear en la atmósfera", diría el propio Gorbachov más tarde.
El hombre más poderoso de la Unión Soviética en aquel momento no vio necesidad de despertar a otros líderes políticos o de interrumpir su fin de semana con una sesión de emergencia, explicó el historiador ucraniano Serhii Plokhii en su libro Chernobyl: the history of a nuclear catastrophe ("Chernóbil: la historia de una catástrofe nuclear", de 2018).
En lugar de eso, creó una comisión gubernamental liderada por Boris Shcherbina, vicepresidente del Consejo de Ministros, para investigar las causas de la explosión.
Mientras tanto, los ciudadanos corrían peligro. Pero nadie se atrevía a ordenar una evacuación.
El primer acercamiento en helicóptero, unas 24 horas después de la explosión, evidenció la magnitud de la catástrofe. "Cuando aterrizaron, todavía no estaban preparados para aceptarlo", afirmó Plokhii.
El propio Shcherbina escribió en sus memorias que tuvo que forzarse a sí mismo a asimilar lo que veían sus ojos.
"Al principio, estaban en un estado de shock y negación. No querían aceptar lo que había pasado. Después, no quisieron asumir la responsabilidad de lo sucedido", le contó en 2019 a BBC Mundo Plokhii, quien hasta 2025 fue director del Instituto de Investigación Ucraniano de la Universidad de Harvard, en Massachusetts, Estados Unidos.
"Hubo una negación por parte de quienes trabajaban en Chernóbil. Y, además, era muy complicado afirmar lo que estaba pasando sin ponerse en una situación todavía más peligrosa".
Plokhii escribe en su libro que "a medida que los niveles de radiación aumentaban, los funcionarios se ponían cada vez más nerviosos, pero no tenían la potestad para decidir evacuar".
"La reacción inmediata fue ocultar la tragedia y luego trataron de minimizar la cantidad de información que se publicaba", le explicó también en 2019 a BBC Mundo el periodista Adam Higginbotham, autor de Midnight in Chernobyl ("Medianoche en Chernóbil, 2019), un superventas del New York Times que recoge varios testimonios.
El escritor señala que había una "dimensión psicológica" en esa negación inicial que es importante tener en cuenta: "El evento era tan catastrófico y la escala del desastre era tal que ni siquiera los especialistas bien formados, que entendían con exactitud la energía nuclear, podían asimilar lo que estaban viendo".
"Necesitamos comprender que la escala del accidente era demasiado grande incluso para ellos, y no caer en los estereotipos típicos sobre cómo funcionaba la Unión Soviética. La historia es más compleja y complicada que todo eso", advierte.
Armen Abagian, el director de un instituto de investigación sobre energía nuclear que había sido destinado a Moscú, le dijo a Shcherbina que la ciudad tenía que ser evacuada: "Le dije que había niños corriendo por las calles, gente colgando ropa para secarla. Y la atmósfera era radioactiva", fueron sus palabras, según el historiador Plokhii.
Mientras la comisión pensaba qué hacer, la gente comenzaba a abandonar la ciudad.
El gobierno soviético no estaba dispuesto a que las malas noticias se propagaran tan rápido como las radiaciones.
Por eso, cortó las redes telefónicas y a los ingenieros y trabajadores de la planta nuclear se les prohibió compartir las noticias sobre lo ocurrido con sus amigos y familiares, explicó Plokhii.
No era la primera vez que la URSS se enfrentaba a este tipo de situaciones: "Hubo otro desastre nuclear (mucho más pequeño) en septiembre de 1957 en Kyshtym, en los montes Urales, cuando explotaron unos materiales radiactivos. Pero no había información en ningún lado", dijo.
"Guardar silencio era un protocolo normalizado en la Unión Soviética", agregó.
"Los estadounidenses encontraron algunas señales de que había una explosión y contaminación en aquel primer desastre, pero no dijeron nada porque ellos mismos estaban en el proceso de desarrollar grandes planes nucleares y no quisieron crear una alarma".
Higginbotham también evocó aquel accidente de Kyshtym, que los soviéticos lograron ocultar con éxito: "Simplemente, adoptaron el mismo enfoque en Chernóbil, pero en este caso la frontera estaba más cerca con Occidente y la contaminación y el alcance fueron mucho mayores".
¿Cómo se enteró el mundo?
"Fueron los suecos quienes primero detectaron que algo iba mal. Y después unos británicos que trabajaban en otra planta nuclear", contó Plokhii.
Higginbotham aseguró que los suecos comenzaron a preguntar a las autoridades soviéticas si había habido un accidente nuclear, "pero incluso en ese momento continuaron negando que tal cosa hubiera ocurrido".
Y es que en Suecia se detectaron altos niveles de radiación en los días posteriores al accidente cuyo origen no tenía explicación.
"La gente de Europa alertó sobre lo que estaba pasando y la Unión Soviética tuvo que publicar su información. Fueron contando cada vez más cosas, pero solo bajo la presión de Occidente", coincidió el ucraniano, quien añadió que el contexto de la Guerra Fría es vital para comprender cómo se desarrollaron los hechos.
El historiador sostuvo que la "insatisfacción" de quienes vivían en la URSS en aquella época también jugó un papel clave, que se estaban informando de los hechos a través de medios extranjeros y de rumores —algunos ciertos y otros no—, y no de su propio gobierno.
"Tardaron semanas, meses e incluso años hasta que, gradualmente, fue emergiendo la verdad. En parte, eso fue porque capturaron a los corresponsales extranjeros que estaban basados en Moscú y les impidieron dejar la ciudad y acercarse a la zona del accidente", dijo Higginbotham.
"Muchos de esos periodistas comenzaron a publicar cualquier información que recibían, aunque fueran rumores. En Estados Unidos, el New York Post llegó a decir que 15.000 personas habían muerto. Eso era justamente lo opuesto a lo que quería el gobierno".
"No querían que la población tomara precauciones", sostuvo Taranyuk. "Fue irónico que nos enteráramos a través de medios extranjeros".
Pero Higginbotham advirtió que la historia que se cuenta en Occidente sobre Chernóbil a menudo es incompleta y que "muchas cosas que se escribieron se asientan sobre ideas preconcebidas sobre cómo era la vida en la Unión Soviética que resultaban muy convenientes", olvidando la dimensión psicológica y humana de quienes tomaron las decisiones.
La caída de un imperio
"Chernóbil suele vincularse a cambios estratégicos en la Unión Soviética y a los inicios de la política abierta. El principio de todo está en Chernobyl", explicó Plokhii.
El historiador afirmó que quiso escribir sobre la tragedia porque forma parte de su historia personal: "Recuerdo el horror de aquellos días, no sabíamos lo que iba a ocurrir y traté de reconstruir los hechos de la mejor manera posible".
"El material que reconstruí me hizo llegar a la conclusión de que hubo verdaderamente un vínculo directo entre Chernóbil y la caída de la Unión Soviética".
"La manera en que colapsó la Unión Soviética no puede comprenderse realmente sin la historia de Chernóbil".
Por otra parte, Higginbotham sostuvo que fue un momento clave "en la desintegración de la URSS no solo por el coste económico o el incremento de la desconfianza hacia las instituciones por parte de los soviéticos, sino también por cómo cambió al propio Gorbachov.
"El accidente reveló que Gorbachov corrompió el imperio que había heredado", señaló.
"Pero la lección más importante que nos deja Chernóbil es el problema de confiar en exceso en la tecnología.... ¡La gente creyó que un accidente de ese alcance era imposible incluso cuando tuvo lugar! Y también que una cultura que niega la evidencia científica y se basa en mentiras y secretismo no es segura para nadie".
*Este artículo está basado en uno escrito por Lucía Blasco y publicado en 2019.
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