Mi madre me enfermó intencionalmente durante años hasta que un médico la desenmascaró

Nina Blom cuando era pequeña.

Fuente de la imagen, Gentileza Nina Blom

Pie de foto, Cuando Nina Blom era pequeña, su madre la llevó a 16 hospitales para que la trataran por enfermedades que no existían.
    • Autor, India Rakusen
    • Autor, Radek Boschetty
    • Título del autor, BBC Outlook*
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 10 min

Nina Blom parecía una niña normal que jugaba y disfrutaba cantando y bailando.

Pero de pronto, su madre se convenció de que Nina estaba gravemente enferma. La enviaba constantemente a hospitales para hacerse pruebas y tratamientos: 16 veces en tan solo unos años.

Nina, que creció en los Países Bajos en las décadas de 1970 y 1980, tuvo que usar una silla de ruedas y su madre le dijo que padecía una enfermedad muscular incurable.

Muchos profesionales médicos examinaron a la niña, pero no lograron descifrar qué le ocurría.

Fue un doctor perspicaz quien logró reconstruir la historia de Nina y descubrir la verdadera y oscura razón de su enfermedad: su madre.

La falsificación de enfermedades pediátricas también se conoce con otros nombres, como "enfermedad fabricada o inducida" o "síndrome de Munchausen por poder".

Se trata de una forma de maltrato infantil en la que el cuidador —generalmente un progenitor— exagera o provoca deliberadamente una enfermedad en el niño.

Las razones por las que se produce la falsificación de enfermedades pediátricas no se comprenden del todo y siguen siendo analizadas.

Siendo adulta, Nina publicó sus experiencias en un libro titulado "Eres un niño horrible", las cuales inspiraron una novela gráfica para jóvenes llamada "Vas a morir", de Margreet de Heer y Nina Blom.

El programa de radio BBC Outlook la entrevistó.

"Yo era una niña muy alegre"

"Tengo lindos recuerdos con mi hermana en el ático de la casa, teníamos nuestro lugar propio para jugar", cuenta Nina.

Le encantaba la música, bailar, y solía ser una niña muy alegre.

Pero esos momentos eran muy poco comunes y pocas veces la madre la dejaba salir a la calle. Cuando tenía 8 años, comenzó a sentirse cada vez más enferma y terminó bajo el estricto control de su madre.

Tenía constantes problemas estomacales y perdió mucho peso.

"Recuerdo que mi madre me hacía sentir mucho miedo y me decía que tenía que ir al hospital". En esas visitas le daban jugo de manzana y sopa y, extrañamente, se sentía bien.

El doctor decía: "Nina está bien, está bien ahora, no tenemos nada que hacer, se puede ir a casa", relata.

Sin embargo, la madre insistía en que regresaran al hospital y que le dijera al médico que le dolía el estómago.

Nina Blom

Fuente de la imagen, Gentileza Nina Blom

Pie de foto, Nina recuerda el tiempo que fue muy feliz junto a su hermana antes de que comenzara la pesadilla.

Una vez de vacaciones, mientras Nina nadaba con su hermana en la piscina, hubo un momento en el que la niña se quejó de una molestia muscular porque había nadado mucho.

Entonces la madre le dijo que tenía una enfermedad en los músculos. "Tienes que ir al hospital por unos días".

Nina le dijo que no sentía ningún dolor cuando regresaron de las vacaciones y su madre le contestó: "No me hagas quedar en ridículo. Sientes dolor y se lo vas a decir al médico".

Era todo muy confuso para la niña porque no entendía qué estaba pasando.

"En el hospital me sentía culpable porque había otros niños ahí que tenían cáncer, que estaban realmente muy enfermos", dice.

"No me pasa nada malo", pensaba recostada en una camilla.

"A mi lado había un niño que murió porque estaba muy enfermo".

Algunas veces su padre se preguntaba qué le pasaba a su hija, pero seguía lo que decía la madre. "No hizo nada para protegerme".

"Era despiadada"

Nina Blom y su madre

Fuente de la imagen, Gentileza Nina Blom

Pie de foto, Nina vivió años de abuso infantil físico y psicológico.
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En el hospital le hicieron todo tipo de exámenes, incluyendo algunos muy dolorosos como una biopsia de médula ósea ,y no le encontraron nada.

"Mi madre siempre estaba presente y parecía que lo disfrutaba", cuenta Nina.

La madre le exigía que no llorara, que fuera valiente.

"Yo era una niña feliz que sonreía, pero cuando mi madre me veía sonriendo se enojaba y me castigaba", explica. "Actuaba como si quisiera que sintiera dolor".

La castigaba destruyendo sus libros favoritos y, cuando era un poco más grande, le imponía castigos físicos y psicológicos. "Era despiadada, no tenía corazón".

En una ocasión estuvo cuatro semanas en el hospital hasta que los médicos decidieron enviarla a casa.

Cuando volvió a su hogar, la madre la puso en una silla de ruedas.

Le hizo abandonar el colegio y trasladaron su cama a la sala. "No tenía permitido dormir en mi habitación".

Pasaba la mayor parte del tiempo en la cama, sin ningún contacto con el mundo exterior.

"Me gustaba escuchar música, pero cuando mi madre vio que lo disfrutaba, me la quitó".

La niña aprendió a no expresar sus sentimientos. En esa época, Nina soñaba con que alguien la rescatara.

Varias veces se mudaron de casa y la madre siempre encontraba nuevos médicos para que la examinaran. Entonces, la pesadilla comenzaba una y otra vez.

Como Nina tejía para pasar las horas, un día le comentó a la madre que las manos le dolían. La madre reaccionó de inmediato, le dijo que algo terrible le estaba ocurriendo y le vendó los brazos. La venda quedó tan apretada que los brazos y los dedos se entumecieron.

"No te puedo decir lo terrible que era ver a mi madre esperando que sintiera dolor. Ella lo disfrutaba".

"Vas a morir"

Nina blom

Fuente de la imagen, Gentileza Nina Blom

Pie de foto, Su madre la obligaba a usar una silla de ruedas y le vendaba los brazos hasta hacerle sentir dolor.

Con el paso del tiempo, la madre cambió el relato. "Si descubro que no tienes dolor y que inventaste todo esto, te haré daño".

Como niña, Nina estaba cada vez más confundida.

Al pasar todo el tiempo postrada y con los brazos vendados, Nina empezó a perder fuerza. Los médicos la enviaron a pasar un tiempo a una clínica para que recibiera fisioterapia.

Cuando el padre descubrió que la niña quedó sola en esa clínica, se la llevó.

Sin embargo, Nina fue enviada a otra clínica Allí aprendió a caminar una vez más y se enamoró de un niño que también estaba en la clínica.

Después de mucho tiempo, la niña comenzó a ser otra vez feliz, hasta que los médicos de la clínica decidieron que podía ir de visita todos los fines de semana a su casa.

Cuando la madre la fue a recoger le dijo: "Tienes que ponerte las vendas una vez más".

"Secretamente me daba pastillas y no tenía permiso para caminar en la casa", relata Nina.

La historia se repitió una vez más tal como había ocurrido antes. "Fue horrible", dice.

Finalmente los fines de semana de visita en casa se acabaron y fue enviada de regreso a vivir con sus padres de manera permanente.

Cuando tenía 12 años, su madre se enfermó. En esa época, Nina no tenía permiso para caminar, pero sí le permitían gatear. Estaba contenta con esas libertades que podía tomar gracias a la ausencia de su madre.

Y cuando la mujer regresó a casa, el padre de Nina tuvo un colapso mental.

La madre reclamaba que tenía dolores de estómago y comenzó a culpar a la niña por sus problemas físicos.

En un momento de discusión familiar, el padre -que se había vuelto impredecible y agresivo- tuvo un momento de furia y lanzó su taza de café caliente en el pie derecho de la niña.

La violencia entonces ya no solo provenía de su madre, sino también de su padre.

A medida que pasaba el tiempo, la madre seguía descubriendo nuevas supuestas enfermedades del corazón y otras partes de su organismo.

Hasta que un día le dijo: "Vas a morir".

"Esa fue la primera vez que me sentí realmente sola, como si estuviera cayendo en un agujero negro", recuerda. "Fue desgarrador, realmente lo fue".

"Queremos la eutanasia, ¿puede ayudarnos, doctor?"

Nina Blom comiendo un helado

Fuente de la imagen, Gentileza Nina Blom

Pie de foto, Con el paso del tiempo la madre de Nina comenzó a envenenarla con pastillas y buscó convencer a los médicos de que le practicaran la eutanasia a su hija.

Pero algo estaba a punto de pasarle a Nina.

Durante una estancia en otro hospital, conoció a un nuevo pediatra: el doctor Vrienten.

El médico entró en la habitación donde la niña estaba hospitalizada y le dijo que buscaría un lugar donde pudieran ayudarle a mover sus extremidades, sus articulaciones, para que pudiera volver a caminar.

La niña, confundida e incrédula, se preguntaba qué estaba pasando.

Su madre le había explicado que tenía una enfermedad muscular y que iba a morir. De todos modos, siempre había existido algo de duda en su cabeza, pero no se atrevía a hacer preguntas.

Cuando su madre supo que el médico la estaba derivando a un centro de rehabilitación estalló en ira y le dijo: "¿Qué clínica? Te vas a morir". Entonces la niña tuvo que volver a casa.

De regreso, la madre la obligaba a poner las piernas en forma de X y usaba almohadas para atarlas en esa posición y que se mantuvieran así. Le quitaba la comida, le instaló una sonda de alimentación por la nariz y la obligó a tomar 20 pastillas al día.

Una vez más regresó a otro hospital, como ya le había ocurrido tantas veces. En esta ocasión, la madre estaba con ella las 24 horas del día y cuando las enfermeras le pedían que le tomara la temperatura a su hija, ella cogía una taza y metía el termómetro en el agua caliente para falsear la temperatura.

Posteriormente, en una visita médica, la niña no se sentía bien. Estaba acostada en la camilla y le costaba respirar. De pronto, se dio cuenta de que el médico estaba de pie junto a su madre, cuando ésta le dijo claramente: "Queremos la eutanasia, ¿puede ayudarnos, doctor?".

Nina recuerda que incluso ella misma le expresó ese mismo deseo al médico, cansada de tantos años de sufrimiento

La niña le dijo al médico: "Doctor, quiero morir. ¿Puede ayudarme?".

"En ese momento", narra Nina, "el médico dio un paso atrás, habló con mi madre y recetó 24 horas de morfina".

"La mantendremos dormida", explicó el médico. Tras esa respuesta, la niña pensó que ya no había ninguna salida.

Estaba convencida de que nunca nadie le iba a creer.

El rescate

Nina Blom

Fuente de la imagen, Gentileza Nina Blom

Pie de foto, La vida de la pequeña Nina cambió cuando un médico se dio cuenta de la situación y llamó a los servicios de protección social.

Sin embargo, el doctor Vrienten se dio cuenta de lo que estaba pasando y decidió contactar a los servicios de protección de menores.

Un día, una mujer entró en su habitación y le dijo: "Hola, Nina, soy de los servicios de protección de menores y estoy aquí para ayudarte. Te voy a llevar a un hospital nuevo".

Cuando pronunció la palabra hospital, la niña dijo: "Oh, no, no. Por favor, déjame morir. No quiero ir más al hospital".

Nina se dio cuenta que su madre estaba entrando en pánico. Había dos policías custodiando el operativo.

Pronto, aparecieron dos hombres que la subieron a una ambulancia y la llevaron a un hospital.

"Me quitaron las vendas de los brazos y las piernas, y había una cámara de video en la pequeña habitación, situada a mi derecha. Durante dos días no vi a mi padre ni a mi madre, pero... bueno, dos días después vinieron a visitarme por primera vez", expone.

"Y recuerdo que, en esa primera visita, les repetí hasta 18 veces que no estaba enferma. Mi madre olvidó que la cámara estaba grabando y se puso furiosa cada vez que yo decía que no estaba enferma", prosigue.

"Eso sirvió también como prueba y como revelación de lo que me estaba pasando".

Finalmente Nina era liberada de sus cadenas.

Tiempo después, se comprendió lo que realmente le había ocurrido. Nina fue víctima del llamado síndrome de Munchausen. "Mi madre me estuvo enfermando durante esos 14 años".

Este síndrome es un tipo de maltrato infantil en la que el cuidador, generalmente uno de los padres, exagera o provoca deliberadamente una enfermedad en el niño.

No se comprenden del todo las razones por las que ocurre esta falsificación de afecciones pediátricas, pero sus efectos pueden ser devastadores.

"Me enfermaba para conseguir la atención del personal médico", dice Nina. "Y también se provocaba enfermedades a sí misma una y otra vez. Se sometió a más de 50 operaciones".

Nina dejó de ver a sus padres. Le llevó años recuperar cierta normalidad en su vida.

Primero vivió en una clínica recibiendo terapia física y psicológica, luego en una residencia asistida y, finalmente, se estableció en una nueva ciudad bajo una identidad diferente.

Se graduó en una academia de arte y encontró trabajo y amor. Su hermana se mudó lejos de sus padres y rompió todo contacto con ellos.

"Lo que mis padres me hicieron fue un delito. Es una forma grave de maltrato infantil, y apenas sobreviví".

Años después, en 2009, se dio cuenta de que sus padres no habían recibido ningún castigo. Tampoco reconocieron lo que le habían hecho a la pequeña Nina.

Después de pensarlo cuidadosamente, ella decidió dejar toda esa historia en el pasado y reconstruyó su vida.

"Estoy tan, tan feliz de haber sobrevivido. Hay tantas cosas por las que vivir".

*Esta nota es una adaptación de un episodio del programa de radio en inglés Outlook de la BBC.

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