El vuelo de la tragedia: los 146 deportados por EE.UU. el mismo día de los terremotos que acabaron bajo los escombros en Venezuela

Fuente de la imagen, Nicole Kolster
- Autor, Nicole Kolster y Ángel Bermúdez
- Título del autor, BBC News Mundo, La Guaira, Venezuela, y Miami
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 12 min
Orlando Torres le debe su vida a una llamada telefónica no atendida.
Él es uno de los pasajeros del llamado vuelo 164 en el que 146 venezolanos deportados desde Estados Unidos regresaron a Venezuela el pasado 24 de junio, apenas unas horas antes del doble terremoto que sacudió ese país con un saldo que ya supera los 2.000 muertos y decenas de miles de heridos y desaparecidos.
Los repatriados fueron recibidos en Venezuela a través del programa gubernamental Misión Vuelta a la Patria que los trasladó hasta el Hotel Santuario La Llanada, ubicado en La Guaira, el estado más afectado por los terremotos.
La instalación, donde los deportados cumplían una serie de procedimientos administrativos, sanitarios y de seguridad, colapsó durante el doble sismo dejando un trágico balance de muerte y gran incertidumbre.
Fue justamente uno de esos trámites el que permitió a Torres salvar su vida. Él fue uno de los últimos pasajeros en bajar del avión y también en llegar al hotel, según cuenta en un audio entregado por sus familiares a BBC Mundo.
Pocos minutos antes del terremoto, Torres estaba en un edificio anexo al principal para hacer una última gestión: hablar por teléfono con su hermano, la persona a la que iba a ser entregado por los agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), el organismo del gobierno de Venezuela a cargo del proceso.
El hermano de Torres no respondió, por lo que su trámite se retrasó unos minutos vitales que evitaron que él estuviera en el edificio principal de cuatro pisos que albergaba a la mayor parte de los deportados, que quedaron sepultados bajo los escombros.
El 164 era uno de los vuelos semanales de deportación que han devuelto a decenas de miles de venezolanos a su país como parte de la ofensiva migratoria del gobierno de Donald Trump.
Como millones de compatriotas, muchos de los repatriados ahora migraron EE.UU. en los últimos años, huyendo del colapso económico de su país y la persecución del gobierno, arriesgando sus vidas en un peligroso trayecto.

Fuente de la imagen, Nicole Kolster
Incertidumbre
Horas antes de la tragedia, Vuelta a la Patria anunció en un post publicado en X que en el vuelo 164 llegaron a Venezuela "120 hombres, 19 mujeres, 5 niños y 2 niñas, todos listos para comenzar una nueva etapa en su amada patria".
Un video en Instagram de la misma fecha muestra a los deportados llegando al Aeropuerto Internacional de Maiquetía y al jefe de Vuelta a la Patria, Mervin Maldonado, saludando y entregándoles juguetes a los niños.
Las autoridades venezolanas no han ofrecido un balance público sobre lo ocurrido con estas personas. Las solicitudes de información que BBC Mundo hizo a Maldonado y a la Gran Misión Vuelta a la Patria no han sido respondidas hasta el momento.
Un recuento inicial informal basados en testimonios de un grupo de sobrevivientes indicaban que solamente 12 personas habrían sobrevivido. Testimonios posteriores de víctimas y familiares, sin embargo, sugieren que la cifra puede ser mayor.
El Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. (DHS, por sus siglas en inglés), al ser preguntado por BBC News sobre los pasajeros del vuelo 164, no ofreció detalles más allá de una breve declaración.
"Este vuelo llegó de manera segura a Venezuela y todos los extranjeros ilegales a bordo fueron devueltos a su país", contestó un portavoz del DHS a la BBC el martes.
"Cuando una persona ya no está bajo la custodia de ICE (el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), ICE ya no es responsable de ella".
Salvados por ellos mismos
Torres es uno de los pocos deportados ese día que lograron salir prácticamente ilesos de los terremotos.
El sismo doble lo lanzó al piso, pero él logró ponerse en pie, se colocó una silla sobre la cabeza y corrió hacia la salida del edificio anexo. Entonces, vio el horror: el edificio en el que se iba a hospedar aquella noche y donde estaban casi todos sus compañeros de viaje, así como numerosos funcionarios públicos, se había derrumbado.
A partir de ese momento, de acuerdo con los testimonios recogidos por BBC Mundo, empezó el proceso de rescate. Varios sobrevivientes cuentan que tuvieron que salvarse a ellos mismos y que la ayuda que recibieron vino de otros deportados.
Ese fue el caso de Pedro (no es su nombre real). Él ya se había duchado y estaba recostado en la habitación cuando escuchó un estruendo que venía de lejos y se dio cuenta de que todo temblaba. Junto a otros, intentó correr hacia unas escaleras cuando, de pronto, algo le cayó encima.
"Quedé con una pierna estirada y la otra rodilla contra el pecho, mi cabeza contra el piso y en la espalda un peso terrible que me dolía demasiado. Quedamos amontonadas muchas personas. Gritábamos. Eso era una oscuridad, sentíamos como el polvo entraba en nuestras narices al respirar. Fue un momento muy difícil", le cuenta a BBC Mundo.
"Los muchachos alrededor mío, todos aplastados, decían 'no siento las piernas', 'me afecta la cabeza', y yo comencé a orar tratando de calmarlos", agrega.
Dice que estuvo bastante tiempo allí hasta que supo que algunos de los deportados que habían logrado salir estaban tratando de rescatarlos. Así fue como en algún momento sintió que se había liberado un poco el peso sobre su espalda.
"Pude mover mi pierna, pensé que la tenía rota, la saqué a un lado y la estiré. Me puse en posición recta, boca abajo, y me fui a rastras hasta que llegué a un sitio donde vi una salida hacia arriba, y los muchachos me vieron y me sacaron", relata.

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La experiencia de Ninoska Gutiérrez fue similar.
Cuando empezó el terremoto, salió de la habitación en la que había poco más de una decena de mujeres para intentar escapar. Pero en medio del caos cayó al piso y, al desplomarse el techo y una pared, quedó con las piernas atrapadas.
"Yo estaba como en estado de shock. Veníamos de tan lejos, después de pasar por tantas cosas, de estar meses presos, esperando tanto el deseado avión de la deportación, llegar a nuestros países y encontrarnos con una desgracia como esta (…). Dios mío, no puede ser posible, ocho años fuera de mi país y yo le voy a llegar a mi familia en una urna", cuenta sobre su experiencia en un testimonio en audio facilitado por familiares a BBC Mundo.
Poco a poco, según explica Gutiérrez, empezó a quitarse los escombros de encima hasta que pudo mover las piernas. Entonces, logró llegar hasta una abertura en el techo desplomado, y uno de los deportados sobrevivientes la ayudó a salir.
"Ahí el que pudo salir, pudo salir por los propios medios, por nosotros mismos, por nosotros querer sobrevivir, pero no fue porque llegaron los bomberos o defensa civil o ellos [los del Sebin] ayudaron. No, por lo menos mientras yo estuve ahí", relata.
"Nosotros mismos nos rescatamos", subraya también José Navas, quien cuenta que quedó bajo los restos del edificio en el tercer piso. Explica que junto a él había otros 10 hombres que estaban vivos y conscientes tras el terremoto, y que recibieron ayuda de otro hombre mientras ellos abrían un hueco lo suficientemente grande como para salir.

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Ese lamento por la falta de asistencia de parte de las autoridades es una constante en los relatos de los sobrevivientes y sus familiares, así como de seres queridos de los que aún siguen desaparecidos.
"No reaccionaron al principio. No había un funcionario del Sebin que estuviese sacando escombros, nada. Estaban en shock", comentó un testigo.
Otros testimonios recabados por BBC Mundo indican que, tras el terremoto, los agentes del Sebin presentes se concentraron en rescatar a otros agentes.
"Los policías que estaban ahí de guardia lucharon por sus compañeros. Luego, los bomberos vinieron solamente a llevar personas, no a rescatar, no a sacar a nadie de los escombros", comenta otro sobreviviente, algo que BBC Mundo no pudo corroborar.
De acuerdo con diversos testimonios, la primera ayuda externa en el hotel fue un pequeño grupo de bomberos que llegó al lugar pasadas las 11 de la noche del 24 de junio (unas cinco horas después del terremoto).
Según esos mismos relatos, inicialmente trasladaron a los heridos y luego, alrededor de las 3 de la mañana, empezaron a ayudar a levantar escombros y a sacar a personas, algunas heridas y otras muertas.
Los familiares cuentan que, para su frustración, para el amanecer del 25 de junio, los funcionarios del Sebin ya tenían cerrado el acceso al hotel.
"Esperando para llevármelo en una caja"
La misma tarde del terremoto, los familiares empezaron a preguntar en redes sociales por el destino de los deportados y a recorrer hospitales y morgues para intentar ubicarlos.
El lunes, en La Guaira, José Rincón cargaba una foto de su nieto Abelardo Rincón, de 23 años, en su teléfono. Estaba desesperado. Lo buscaba vivo o muerto.
"Fui a reconocer más de 200 cadáveres. Los revisé uno por uno para ver si lo conseguía y nada", le comentó a BBC Mundo.
Rincón se acercó, como otros que buscaban a los suyos hasta el Hotel Santuario La Llanada. Pero cuenta que no les dejaban pasar, que el acceso estaba trancado por el Sebin.
En el hotel "no hay vida", recuerda que le dijeron los funcionarios.
"Yo estoy aquí desde hace días y el problema es que no nos dejan pasar. Si uno pudiera ver lo que uno quiere ver… Si viera los escombros me quedaría quieto, pero ya tengo días y no lo consigo (a mi nieto) ni vivo ni muerto. Entonces, ¿qué voy a hacer?", se pregunta Rincón.
Abelardo, su nieto, llevaba seis años viviendo en Atlanta, la capital del estado estadounidense de Georgia, donde se casó y vive su esposa, quien está por dar a luz a una niña.
"Estoy esperando hasta lo último para llevármelo en una caja, como pueda, pero llevarme algo", se lamenta Rincón.

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Paola Chacón es prima de Darwin Eliécer Serrano López, de 35 años, quien también regresó a Venezuela en el vuelo 164. Tenía cuatro años viviendo en Estados Unidos.
El lunes, ella se mostraba resignada de que Darwin murió. Su lucha, dijo entonces, era para que le entregaran el cuerpo.
"Aquí nos vamos a quedar hasta que nos llevemos el cadáver de nuestros familiares", le dice Chacón a BBC Mundo.
"Darwin hizo una llamada a mi hermano en San Cristóbal (en el estado de Táchira, en el occidente del país) a las 5:32 de la tarde, y en ese momento nos enteramos de que estaba aquí", recuerda.
"Pasó la tragedia. Vinimos a buscarlos. Manejamos toda la noche", agrega.
"Queremos enterrar a nuestros familiares. ¡Por favor, ayúdennos! El estado de descomposición es fuerte. Queremos que nos los entreguen, y reconocer y tener la certeza que sí son nuestros familiares".
La alegría triste de volver
Cuando el vuelo 164, un Airbus A320 de la empresa de transporte Global X, comenzó a acercarse a Maiquetía, el bullicio se apoderó de la aeronave.
Aunque iban esposados y atados de pies y cintura, los deportados empezaron a expresar la alegría de regresar a casa, cuentan quienes han hablado con BBC Mundo.
"La gente aplaudía, había mucha alegría. Ya sabes cómo somos los venezolanos. Yo les decía a los muchachos: 'Ya no se cumplió nuestro sueño americano, pero vamos a seguir adelante'", recuerda Pedro.
Los sentimientos de Navas eran un poco más matizados.
"Veníamos con el corazón arrugadito. Si me preguntas si quería regresarme, para mí no era el momento todavía", reconoce.
"Lo que pasa es que uno dura tanto tiempo detenido en Estados Unidos que empieza a asimilarlo y te dices: 'Bueno, voy a ver a mi familia, a mi mamá, a mis hijos, a mi esposa, a mi hermana'. Lo asimilas y tu corazón se alegra. Así que ya veníamos contentos. Queríamos que nos quitaran las esposas y estar en nuestro país", comenta.
Una vez en el hotel, recuerda que los deportados se reunieron en un cuarto. "Cada uno contaba una historia. 'Ya quiero ir a una playa', decía uno. 'Las playas de Venezuela no son frías y las de EE.UU. son congeladas', comentaba otro".

Fuente de la imagen, Nicole Kolster
Ese ambiente de júbilo y camaradería también se sentía en la habitación de mujeres que le tocó a Ninoska Gutérrez.
"Felices porque ya habíamos llegado a nuestro país, nos pusimos a echar cuentos, a contarnos nuestras experiencias, cómo nos agarraron en Estados Unidos", relata.
La incertidumbre y los cuestionamientos
Aislados del mundo en un hotel enclavado en una colina de La Guaira y despojados de sus teléfonos celulares, los deportados del vuelo 164 no podían saber la magnitud de la tragedia que les tocó vivir, ni que esta era compartida por gran parte de los venezolanos.
En sus testimonios y en los de sus familiares muchos se lamentan de la respuesta "tardía e indiferente" de las autoridades.
Pero su historia también está llena de gestos de solidaridad entre personas que, en la mayor parte de los casos, no se conocían y cuyos nombres ni siquiera sabían.
Llevados por la práctica tan venezolana de llamar a las personas por un apodo que hace referencia a la procedencia, fisonomía o actitudes, fueron bautizados como "el gocho", "el llanero", "el viejo".
Durante la tragedia también hubo uno al que apodaron "Superman", porque supuestamente saltó por una ventana en el momento de los terremotos. Según los relatos, no solo logró salvarse, sino que ayudó a rescatar a los que estaban atrapados y luego consiguió una moto para ir hasta la sede del Sebin en Maiquetía para pedir ayuda.

Fuente de la imagen, Nicole Kolster
Un esfuerzo paralelo realizaron sus familiares en redes sociales. Unidos por la desolación, intercambiaron información y crearon un grupo que llegó a sumar más de 500 miembros, en el que compartían pistas para tratar de hallar a sus seres queridos.
La misma tarde de la tragedia, los familiares de los deportados empezaron a pedir información en los comentarios del mismo post en el que Vuelta a la Patria había anunciado la llegada del vuelo 164.
Es allí donde ahora los familiares reclaman justicia.
"Exijo justicia por la muerte de cada uno de ellos. Si el vuelo llegó en la mañana, tuvieron que dejarlos ir con sus familias. De haber sido así, nada de esto estuviera pasando", escribió la prima de uno de los deportados fallecidos.
"Ahora estamos sufriendo la muerte de nuestro familiar, sin verlo desde hace 3 años para que lo traigan aquí para morir".

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