La increíble historia de las dominicanas Cassandra y Julia, quienes descubrieron que eran hermanas luego de trabajar juntas en un bar

Fuente de la imagen, BBC NEWS
- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC News
- Tiempo de lectura: 6 min
La bandera de República Dominicana las hizo que se hicieran amigas, pero la historia de Cassandra y Julia había comenzado muchos años atrás, sin que ellas lo supieran.
Juntas, Julia y Cassandra no paran de reírse. Están contando su historia, que tiene todos los elementos dramáticos de una telenovela, pero no dejan de sonreir.
Parecen amigas. Son hermanas, pero se enteraron de ello hace poco tiempo.
Ambas fueron adoptadas. Ambas crecieron en la ciudad de Connecticut, en el noreste de EE.UU. Ambas crecieron en el mismo barrio, aunque no lo sabían.
Las dos estuvieron en la busqueda de su madre durante gran parte de su infancia.
"Como soy adoptada me preguntaba qué había sido de mi madre. Conocerla algún día", le dice Cassandra a la BBC.
Se preguntaba si había heredado su sonrisa o sus ojos. Sabía que su familia biológica provenía de la República Dominicana, en el Caribe.
"Decidieron darme en adopción porque eran muy, muy, muy, muy pobres y simplemente no podían permitirse mantenerme", explica Cassandra.
Cuando era una joven adulta, Cassandra se propuso encontrar a su familia biológica, pero no tenía un certificado de nacimiento y, en muchos casos, sus esfuerzos no dieron resultado.

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La historia de la bandera
A los 19 años, Cassandra se tatuó la bandera de la República Dominicana en el brazo para recordar su herencia. "Ser dominicana es algo que me enorgullece mucho", acota.
Cinco años después, Cassandra comenzó a trabajar como camarera en un bar llamado The Russian Lady. Allí conoció a su compañera Julia, y una de las primeras cosas que Julia notó fue la bandera tatuada en el brazo de Cassandra.
Curiosamente, Julia también tenía un tatuaje de la bandera de la República Dominicana, aunque el suyo estaba en la espalda. Había decidido hacérselo cuando tenía 22 años, como un recordatorio del lugar donde ella también había nacido.
Julia y Cassandra pronto se dieron cuenta de que ambas habían sido adoptadas.
"Dije algo como: 'Sí, me adoptaron allí'", cuenta Julia.
"Y Cassandra dijo: 'Espera, porque a mí también me adoptaron allí'. Eso me dejó paralizada".
Empezaron a preguntar a la gente: "¿Creen que nos parecemos?", y la respuesta era: "Sí, ustedes dos se parecen", recuerda Julia.
En poco tiempo, comenzaron a decir en broma que eran hermanas. Cassandra incluso sugirió que se pusieran ropa a juego para parecerse aún más.

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Todo era en tono de broma, pero en algún momento se les ocurrió la idea de que podrían estar relacionadas. Decidieron comparar los papeles de adopción, pero no había nada que indicara que fueran hermanas.
Los documentos decían que habían nacido en distintos lugares y que sus madres biológicas tenían apellidos diferentes.
Con el tiempo, ambas consiguieron nuevos trabajos y se separaron. Julia se quedó en Connecticut, mientras que Cassandra se mudó al estado de Virginia. Mantuvieron el contacto, pero la distancia hizo que ya no fueran tan cercanas como antes.
Una mala noticia
Años después, Cassandra recibió un kit de pruebas genéticas como regalo de Navidad.
Gracias a él encontró a un primo, quien le contó que su madre biológica había fallecido en 2015.
La noticia fue devastadora, pero su primo la ayudó a descubrir a muchos otros miembros de su familia, incluido su padre biológico.
El primo de Cassandra le explicó que sus padres habían pasado por una situación muy difícil cuando ella era un bebé.
Cassandra organizó una llamada con su padre biológico, Adriano Luna Collado, quien le contó parte de lo ocurrido cuando fue dada en adopción.
Dijo que la familia era tan pobre que dormían sobre el suelo de tierra.
Cuando la madre de Cassandra estaba embarazada de ella, su hermano mayor también estaba muy enfermo, y su padre decidió que la única forma de que la familia saliera adelante era dar a Cassandra en adopción.

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Poco después, Cassandra empezó a planear un viaje a la República Dominicana. Toda su familia biológica la esperaba en el aeropuerto, todos con camisetas con su rostro.
Cassandra se lanzó a los brazos de su padre: se abrazaron y lloraron juntos.
Una nueva pista
Fue un viaje maravilloso, pero el regreso de Cassandra a casa trajo un giro inesperado. Una mujer llamada Molly se puso en contacto con ella. Había sido la mejor amiga de la infancia de Julia.
Sus padres habían viajado juntos desde Estados Unidos a la República Dominicana para adoptar a Molly y a Julia.
Molly creía que Cassandra era su hermana biológica porque ambas tenían el mismo nombre de madre en sus certificados de nacimiento. Pero Cassandra no estaba convencida, y las dos compartieron su ADN con una empresa que compara resultados.
El resultado fue que eran primas lejanas, no hermanas; el nombre coincidente de la madre en los certificados parecía haber sido un error.
Sin embargo, Molly tenía una foto de la madre biológica de Cassandra que, según ella, era idéntica a Julia, por lo que insistía en que en realidad Cassandra y Julia eran hermanas.
Así que Cassandra llamó a Adriano por videollamada y le preguntó si alguna vez ellos habían dado a otro bebé en adopción.
"Parecía como si le hubieran quitado el aliento", dice Cassandra.
"Y respondió: 'Sí, lo hice". Y yo dije: "Dios mío, nunca me habías contado esto".
Tras esta revelación, Cassandra sintió que no había tiempo que perder. En cuanto pudo, consiguió otro kit de pruebas genéticas y condujo durante ocho horas a través de una tormenta de nieve hasta el lugar donde vivía Julia.

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Los resultados tardaron dos semanas y media en llegar. La espera fue angustiante para ambas: ninguna podía concentrarse en el trabajo mientras aguardaban la noticia.
Finalmente, cuando llegaron los resultados, Julia abrió el mensaje y ahí estaba: ella y Cassandra eran hermanas.
"Sinceramente, esto es una locura", dice Julia. "Todo este tiempo hemos sido hermanas y ni siquiera lo sabíamos".
Cassandra lloró al enterarse. Se lo contó a su padre, que se llenó de alegría y quiso conocer a Julia lo antes posible. Así que las hermanas hicieron planes para volar juntas a la República Dominicana.
Cuando llegaron, toda la familia las esperaba una vez más, esta vez con camisetas con los rostros de ambas. Su padre se acercó a Julia, le dio un enorme abrazo y dijo: "Mi hija".
Ese primer viaje juntas como hermanas estuvo lleno de alegría, música y baile. Adriano dice que reencontrarse con sus hijas ha sido el mayor regalo que Dios le ha dado jamás.
"Estoy muy feliz, verdaderamente feliz. Cada vez que vienen a visitarme, mi corazón se llena de alegría. Las recibimos con amor y cariño, como deberían hacer todas las familias", afirma.
"Es una historia hermosa. No todo el mundo tiene la oportunidad de contar una historia así", concluye.
Basado en programa de Outlook de BBC World Service.

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